HISTORIA


بِسْمِ اللَّـهِ الرَّحْمَـٰنِ الرَّحِيمِ
الحمد للّه رب العالمين والصلاة والسلام على خير خلقه محمد وآله الطاهرين

LOS ORÍGENES DEL SHIÍSMO Y LOS FACTORES DE SU CRECIMIENTO

Shrine-of-Hazrat-Ali

Allamah Muhammad Husayn Kashif al-Ghita’ fue un famoso teólogo shiíe de Nayaf (Iraq), figura prominente en fiqh (derecho jurídico), retórica, literatura árabe, historia, filosofía, hikmah (sabiduría), tafsir (comentario coránico) e ‘Irfan (misticismo). Shayj Kashif al-Ghita’ también fue uno de los primeros faqihs (juristas) que aplicó la metodología comparativa en los estudios de fiqh y partidario de la Escuela Usuli clásica en la Hawza (centro de estudios islámicos) de la ciudad iraquí de Nayaf. Ha escrito numerosos libros especialmente sobre la presentación del Shiísmo, su libro principal fue los Asl al-Shi’ah wa Usuluha (Orígenes de la Shi’ah y sus Principios), publicado  en el año 1351 de la hégira lunar (1932 de nuestra era) en Sayda, Iraq. Es uno de los libros escritos sobre historia y kalam (teología) que consiste sobre las raíces y la introducción del Shiísmo en árabe, disipando las dudas y aclarando los puntos discordantes entre shiías y sunnis, demostrando que el Shiísmo carece de exageración y falsificación. 

¿De dónde se originó el tashayyu’ (shiísmo) y cuándo se formó? ¿Quién sembró su primera semilla y estableció su primera piedra? ¿Cómo fue que este gran árbol creció hasta dar flores y frutos, y perduró al punto tal que muchos líderes, gobernantes y reyes del Islam así como algunos califas abbásidas como Ma’mun y Nasir Li-Dinullah y grandes ministros creyeron en él? Comenzaremos este tema implorando la ayuda de Al-lah para su desarrollo.

El shiísmo no es una religión nueva. Comienza con los albores mismos del Islam. La encarnación del Código de la religión, es decir el Sello de los Profetas, Muhammad ibn ‘Abdullah (saww), plantó el árbol del shiísmo junto con el del Islam. Con sus propias manos él lo regó y cuidó. Así, aquel retoño creció hasta convertirse en un árbol verde, y comenzó a florecer durante la vida misma del Santo Profeta (saww). Luego del fallecimiento del Profeta Muhammad (saww), empezó a dar sus frutos.

Como shiís, nosotros no estamos solos en la promoción de esta solicitud. Incluso muchos eminentes eruditos de entre los sunnis están de acuerdo con nosotros, y para sostener esto, vamos a citar las narraciones y dichos transmitidos no por los shiíes, porque posiblemente alguien cuestione su valor argumentando que ellos creen en el ray’at (retorno), o pretenda que nuestros narradores son tendenciosos. Por eso vamos a poner sus propios hadith (tradiciones). Por ejemplo, Allamah Suyuti en su obra exegética Durr al-Manzur (destacado tafsir sunni), menciona en conexión con las palabras de Al-lah «En verdad, los creyentes que practican el bien, son lo mejor de la Creación» (Suratul-Bayyinat [98]: ayat 7) lo siguientes tres hadith:

  1. Ibn ‘Asakir cita a Yabir ibn Abdallah quien dijo: “Nosotros estábamos en compañía del santo Profeta (saww) cuando ‘Ali (as) vino hacia nosotros. Al ver a ‘Ali (as), el Profeta (saww) expresó: ¡Juro por Quien tiene mi alma en Sus Manos que él, ‘Ali, y sus shi’a (seguidores) serán los triunfadores en el Día del Juicio! Y en ese momento se reveló esta aleya: Inna al-ladina amanu wa amilu as-salihati ulayka hum khairul-Bariyyati «En verdad, los creyentes que practican el bien, son lo mejor de la Creación».
  2. Ibn ‘Adi transmite de Ibn Abbas que cuando dicha aleya coránica fue revelada, el Profeta Muhammad (saww) le dijo a ‘Ali (as): “Se refiere a ti y a tus shi’ah (seguidores). Al-lah estará Complacido con vosotros y vosotros lo estaréis con Él el Día del Juicio“.
  3. Ibn Murduyah cita a ‘Ali (as) diciendo: “El santo Profeta (saww) me ha dicho: ¡Oh, ‘Ali! ¿Acaso no has escuchado que Al-lah ha dicho: “En verdad, los creyentes que practican el bien, son lo mejor de la creación”? Ciertamente esto se refiere a ti y a tus shi’ah (seguidores). La promesa entre tú, tu gente y yo se completará en la Fuente del Kawzar. Allí, cuando todas las naciones estén presentes para el recuento de las acciones, tu gente será llamada adelante, mientras sus rostros, manos y pies brillarán con luz“.

Ibn Hayar también transmitió estas mismas tradiciones en su obra Sawa’iq, de parte de Darqutni. Él también citó a Umm Salama (esposa del Profeta) que el Profeta Muhammad (saww) dijo: “¡Oh, ‘Ali! En verdad que tú y tus amigos obtendrán el Paraíso.”

Ibn Azir escribió que el Santo Profeta (saww) le dijo a ‘Ali (as): “Pronto tú y tus seguidores se presentarán ante Al-lah. Vosotros estaréis complacidos de Él y Él lo estará de vosotros. En tanto, tus enemigos se presentarán ante Él irritados mientras sus cabezas se encuentren erguidas por la estrechez de las cadenas y argollas que se les colocarán.” El santo Profeta (saww) le mostró esto poniendo sus manos detrás de su cuello, diciéndole: “¡Mira! Ellos serán atados de esta forma.

Probablemente esta misma tradición haya sido reportada por Ibn Hayar en su Sawa’iq y otros ulemas con otras cadenas de transmisión, demostrándose así que este asunto se ubica entre ellos (los sunnis) y entre los dichos famosos y seguros.

En el Rabi’ al-Abrar de Zamajshari figura el siguiente dicho del Santo Profeta (saww): “¡Oh, ‘Ali! En el Día del Juicio, yo me aferraré a Al-lah, tú te aferrarás a mí, tus descendientes a ti y los seguidores de tus descendientes a ellos. Entonces tú verás donde seremos llevados (es decir, al Paraíso).

Los libros de hadith como Al-Musnad de Ahmad ibn Hanbal, Yasais de Al-Nisai y otros (todos muy conocidos
entre los sunnis) que reúnen un gran número de tradiciones se encuentran muy al alcance de cualquier investigador y buscador de la Verdad.

Estos hadith muestran que el Profeta del Islam (saww) habló en varias ocasiones acerca de la shi’ah de ‘Ali (as), señalando que el Día del Juicio ellos en particular estarán seguros y con éxito, estando Al-lah complacido con ellos y ellos con Él.[1]

Todo aquel que crea que el santo Profeta (saww) era la encarnación de la veracidad y que la aleya que comienza con «y no habla conforme a su deseo, sino que es una inspiración que se le revela» (Suratun-Naym [53]: ayats 3-4) se refiere al Profeta mismo, advierte que tales dichos señalan la verdad, mostrando a un grupo especial dentro de los musulmanes. Aquellos que consideran que tales hadith se refieren a todos los compañeros del Profeta (saww), fracasan en conocer el real sentido interior de los mismos.

Para explicar mejor este tema, podemos ver que durante la vida del santo Profeta (saww) un grupo de compañeros sobresalientes era cercano a Imam ‘Ali (as). Los hombres de este grupo no sólo reconocían al Imam como su guía espiritual y verdadero transmisor de las enseñanzas del santo Profeta (saww), sino también como el auténtico intérprete y comentador de las ordenes y secretos del Mensajero de Al-lah. Este grupo era popularmente conocido como Shi’ah. Incluso los lexicógrafos apoyan esta verdad. Si usted se remite a los famosos diccionarios An-Nihayah y Lisanul-Arab, encontrará como definición de shi’ah a «aquel que ama y sigue a ‘Ali y sus descendientes.»

Por otro lado, si por shi’ah nosotros comprendiéramos a cualquiera que ame a ‘Ali (as) o que no sea su enemigo, entonces el uso de esta palabra no sería apropiado. Porque solamente con el amor a él o la no enemistad hacia él no significa que esa persona sea un shiíe. Pero si él lo sigue con obediencia y perseverancia, entonces sí se le puede aplicar el término de shi’ah. Esto es claro como el cristal para todo aquel que conoce el árabe y tiene noción de la relación existente entre la palabra, su significado y su contexto.

En resumen, no puedo concebir que una persona equitativa y de mente clara y abierta después de estudiar las tradiciones apropiadas, pueda llegar a la conclusión de que estos hadith se refieran a los musulmanes en general, quienes amaban a ‘Ali, pues claramente se refieren a una clase particular entre ellos que, a causa de su especial relación y de tener un singular apego y amistad hacia él, era superior a todos los musulmanes de aquella época.

No pretendo decir con esto que aquellos compañeros que eran mayores y no pertenecían a este grupo particular estuvieran oponiéndose a las palabras del santo Profeta (saww) y no hayan tomado sus indicaciones. Debe quedar bien en claro que jamás tuve la intención de sostener tal cosa mientras que ellos por entonces eran los mejores sobre la tierra. Es posible que algunos no escuchasen sus edictos o que no estuviesen en posición de captar bien su idea. De cualquier manera, los compañeros del Profeta tienen una jerarquía más allá de lo que las mentes débiles puedan alcanzar.[2]

Por otro lado, si los hadith del Profeta Muhammad (saww) donde él destaca el rango de Amir al Mu’minin y de Ahlul Bayt son estudiados con una mente abierta, se verá que tales informes no sólo muestran los méritos de dichas personalidades de una manera general, sino que además contienen claras explicaciones de cómo reconocer el grado y la capacidad del líder del shiísmo y de cómo contribuir al establecimiento y la precisión de aquella Escuela de pensamiento. En efecto, el Profeta Muhammad (saww) frecuentemente cuidaba este árbol regándolo con el agua pura de sus dulces palabras y sus indicaciones. Los hadith sobre este tema son muy famosos ante los grandes sabios tanto sunnis como shiíes, y la mayoría de los mismos figuran en los dos Sahih (las dos colecciones de hadith más respetadas entre los sunnis: Sahih al Bujari  y Sahih Muslim).  Las siguientes seis tradiciones pueden ser citadas a modo de ejemplo:

  • «‘Ali tiene la misma relación conmigo que la que Aarón tenía con Moisés (as).»
  • «¡Oh, ‘Ali! No te quiere excepto el creyente, y no te odia sino el hipócrita.»

De acuerdo a la tradición de At-Tair, el Profeta Muhammad (saww) realizó la siguiente súplica (en cierta ocasión):

  • « ¡Oh, Al-lah! ¡Envíame a Tu siervo más amado!» (e inmediatamente se presentó ‘Ali).
  • «Mañana le entregaré el estandarte a aquel hombre que ama a Al-lah y a su Profeta, y a quien Al-lah y Su Profeta aman» (y le entregó el estandarte a ‘Ali).
  • « ¡Oh, gente de mi comunidad! Dejo entre vosotros dos joyas preciosas; el Libro de Al-lah y mi progenie, la Gente de la Casa.»
  • «’Ali está con la verdad y la verdad está con ‘Ali.»

Existen además miles de reportes auténticos (verificados, de cadena segura) similares a estos. Esta pequeña obra no puede detallarlos por completo. Aquellos que amen la búsqueda y la investigación minuciosa, pueden estudiar el famoso libro Abiqat alAnwar de Allamah Sayyed Hamid Husayn Hindi, el cual cuenta con diez tomos, cada uno de los cuales es como la medida del Sahih de al-Bujari. En esta obra, el autor ha mencionado los dichos con los caminos más seguros entre los sunnis, explicando claramente su sentido. Y este autor es uno de los miles que compilaron obras sobre este tema.

Cuando la luz de la Profecía se extinguía, un grupo de sahaba (compañeros) comenzó a actuar para que el califato no pasase a manos del Imam ‘Ali (as). La causa de esta oposición podría ser la juventud del santo Imam (que tenía un poco más de treinta años) o el sentimiento entre los quraishitas de que la Profecía y el Imamato no deberían estar reunidos en la casa de Bani Hashim, imaginando que estas cuestiones están en sus manos y que entonces ellos pueden hacer lo que quieren al respecto. También podrían existir algunas otras causas, las cuales no discutiremos por no tener aquí espacio suficiente.

Tanto las escuelas sunni como la shiíe coinciden en que cuando se le dio el juramento de fidelidad al primer califa, ‘Ali (as) en el primer momento no aceptó la autoridad de Abu Bakr. De acuerdo con la autoridad de al-Bujari (consultar su Sahih en el capítulo sobre la victoria de Jaibar), él no le prestó el juramento a Abu Bakr hasta que habían pasado seis meses. También hubo otros grandes compañeros como: Zubair, Ammar ibn Yasir, Miqdad ibn Amr y otros[3] que se negaron a prestar este homenaje a Abu Bakr. Pero el Imam al ver que su abstención del juramento produciría el rompimiento irreparable del Islam y como ‘Ali (as) no buscaba el poder político ni deseaba gobernar por otra razón que no fuese su capacidad, tal como lo muestra claramente el diálogo que mantuvo con Ibn Abbas en Diqar[4] mostrando que su único propósito era que la religión extendiese sus dominios y permaneciese segura, que la verdad se observase y la maldad fuese exterminada, y como vio que el primer y segundo califa se esforzaron por extender el monoteísmo preparando sus ejércitos y ampliando sus conquistas sin muestras de tiranía, entonces él les dio el juramento de fidelidad y vivió en paz con ellos, cerrando sus ojos a su derecha y preservando así al Islam de la desunión y la discrepancia. Si ‘Ali (as) no hubiese adoptado este curso de acción, no sólo la unidad islámica habría sido cortado, sino que la gente se habría perdido en el laberinto de la ignorancia preislámica. Por su lado, los shiíes continuaron siguiendo a su líder aprovechando de la luz de su sabiduría, sin tratar de establecerse a sí mismo como un grupo. Por no tener espacio para esto. Porque en aquella época los musulmanes habían seguido transitando el camino establecido y allanado por el Islam, practicando sus leyes hasta llegar a la encrucijada donde se distinguían la verdad de la falsedad, la Buena Dirección del extravío: cuando Muawiya se rebeló y envió un gran número de fuerzas hasta Siffín[5] para confrontarse contra ‘Ali (as), que en ese momento ya era califa. Entonces, los compañeros se alinearon con el santo Imam. Ochenta prominentes compañeros como: Ammar ibn Yasir, Yuzaimah, Dhush Shahadatain, Abu Ayub al-Ansari,[6] etc., mucho de los cuales eran badrí (que habían participado en Badr) o aqbí (que tomaron el juramento de Aqaba),[7] se reunieron del lado de ‘Ali (as). La mayoría de ellos sacrificaron sus vidas por el Santo Imam.[8]

Sin embargo, los conflictos continuaron y las intrigas de Muawiya se incrementaron. Cuando ‘Ali (as) fue martirizado, el gobernador de Damasco (Muawiya) dio un suspiro de alivio.[9] Así concluyó el tiempo de los califas rashidin. Entonces, Muawiya comenzó a revivir todas las costumbres tiránicas de los reyes del pasado,[10] comportándose como ellos en la comunidad musulmana y estableciendo un régimen dictatorial. Él hizo contra el Islam cosas que acá no tenemos espacio para detallar. Todos los musulmanes concuerdan qué él marchó totalmente en contra de sus califas anteriores, dominando y subyugando a los musulmanes. Por otro lado, la vida piadosa del Imam ‘Ali (as), su conducta devota, su exaltado carácter y todos sus estados en todos sus asuntos estaban de acuerdo con las leyes de la piedad y el desapego. Su alimento no era agradable ni blando, y él no engañaba a nadie ni con sus acciones ni con sus palabras. Muawiya, por su parte, era completamente al revés.

Son bien conocidos los casos del otorgamiento de Egipto[11] a Amr ibn al ‘Aas y de Ziyad ibn Abih a quien consideró como hijo de su padre (de Abu Sufián).[12] También es muy famoso Yazid[13] y su pasión por las orgías, claramente demuestran las depravadas condiciones de su mente y de la corte que lo rodeaba. Así ante nosotros tenemos por un lado, la forma de vida simple enseñada por el Islam y encarnada en la conducta del Imam ‘Ali (as), y por el otro lado, la pompa y la vanidad del hijo de Abu Sufián (Muawiya). Las aspiraciones monárquicas de Muawiya se concretaron a través del dinero reunido de los musulmanes, con los cuales el primer y segundo califa prepararon armas y equiparon el ejército para defender al Islam.[14]

El mantel del palacio de Amawi estaba siempre colmado de las más refinadas comidas. Al-Wasir Abu Sa’id al Mansur ibn al Husayn al-Abi (muerto en el año 422 de la hégira), en su obra Nazr ad-Durer relata la siguiente historia: «Ahnaf ibn Qays acostumbraba a contar que en cierta ocasión cuando fue a visitar a Muawia, él me agasajó poniendo una mesa con comidas calientes, frías, dulces y saladas, al punto que quedé sorprendido. Muawiya extendió hacia mí otra clase de comida que no supe reconocer. Le pregunté de qué se trataba, y la respuesta fue el estómago de un pato relleno con seso de cordero, freído en aceite de pistacho y empolvorado con azúcar. Al oír esto, comencé a llorar. Muawiya preguntó; ¿Por qué lloras? Y yo le expliqué: en este momento recordé a ‘Ali (as). Un día estaba sentado con el santo Imam y se acercaba el momento de cortar el ayuno. El Imam me invitó a quedarme. Entonces le trajeron una bolsa sellada. Yo le pregunté; ¡Oh, Imam! ¿Qué contiene esta bolsa? Él me respondió: harina fina de cebada y algunas comidas simples. Yo inquirí: ¡Oh, Amir al-Mu’minin! ¿Ha sido sellada por temor a que alguien tome algo de ella o porque no quieres darle de ella a nadie? Él contestó: “No se debe a ninguna de estas razones. El motivo de tal cuidado es sólo el pensamiento de que mis hijos, Hasan y Husayn, pudieran mezclar esta harina con algo de grasa o aceite.” Entonces yo volví a preguntarle: ¿Acaso la grasa y el aceite son ilícitos? Él respondió: “Estos no son ilícitos en absoluto. Pero es necesario que los Imames verdaderos (auténticos y sinceros) permanezcan apegados a los rangos de los más pobres, a fin de que la indigencia y el deseo no hagan que los golpeados por la miseria se rebelen.” Entonces Muawiya dijo: ¡Oh, Ahnaf! Tú has recordado a una persona cuyos supremos méritos son difíciles de ser negados.»[15]

 En el Rabi’ al-Abrar de Zamajshari y en otras obras, muchos relatos similares a estos son transmitidos. Todo esto tuvo lugar mientras que la gente estaba cerca de la época del Profeta Muhammad (saww) y de los califas, conociendo el desapego de ellos de los oropeles de este mundo y de los deseos por él. Por otro lado, la naturaleza malvada de Muawiya estaba inextricablemente unida con las acciones ilegales. Él tenía un íntimo deseo de alcanzar el punto culminante de la perversidad. Así, él rompió todas las promesas hechas al Imam Hasan (as) hasta que finalmente logró que el nieto del Profeta Muhammad (saww) fuese envenenado.[16] Luego, por la fuerza, hizo que la gente tomara el juramento de fidelidad para su hijo Yazid. En aquella época, su estado para la comunidad era más claro de lo que lo es hoy en día ante nosotros.

Como resultado del estado de estos asuntos y acontecimientos, los musulmanes comenzaron a mirar la política de Siria con desdén y desprecio. Los verdaderos creyentes advirtieron que Muawiya era sólo un hombre mundano. Los corazones de los musulmanes se colmaron de odio y aborrecimiento hacia él, y él mismo reconocía esta verdad.

En el Rabi’ al-Abrar de Zamajshari se cita el siguiente dicho del gobernador de Siria (Muawiya): “Abu Bakr quería mantenerse alejado del mundo, y el mundo se mantuvo alejado de él. Omar probó al mundo, y el mundo lo probó a él. Y en lo que se refiere a Uzmán, él se aferró al mundo, y el mundo también lo persiguió locamente a él. Por mi parte, a cada paso he tratado de hacer del mundo un lecho de rosas, abrazándolo por completo y esforzándome con todas mis fuerzas para eso. Como resultado, me he vinculado al mundo y él se vinculó conmigo.”

Mientras que en la época de los primeros califas se consideraba como una obligación que el gobierno y la religión estuviesen unidos. A partir de los gobiernos de Muawiya y Yazid la política se separó de la religión. La gente advirtió que ellos sólo pretendían el poder político por las cuestiones materiales y comprendieron que para los asuntos religiosos debían seguir a otros que fuesen dignos de ello. Y no encontraron a nadie que posea las condiciones del Imamato como la ciencia, el desapego, la nobleza del prestigio y del linaje, excepto a ‘Ali (as) y sus descendientes. Por eso y por los dichos narrados del Profeta Muhammad (saww) sobre ellos, el shiísmo creció dentro de la comunidad musulmana y fluyó en su interior como un espíritu o alma nueva en un cuerpo débil. Luego, el mayor causante del avance del shiísmo fue sin lugar a dudas, el sangriento suceso que revolucionó al mundo islámico. Este doloroso evento del año 61 de la hégira lunar, conocido como la tragedia de Karbala, fue el más trascendental de su clase. Los efectos del martirio del Imam Husayn (as) fueron sentidos por todos, incluso por aquellos que vivían en las regiones más distantes del territorio musulmán. Compañeros como Zayd ibn Arqa, Yabir ibn Abdallah al-Ansari, Sahl ibn Sa’d as-Sa’idí y Anas ibn Malik, que sobrevivieron a Karbala, comenzaron a dar a conocer a los musulmanes comunes los valores superiores, las virtudes y el carácter de ‘Ali (as) y de sus descendientes, a quienes ellos habían visto con sus propio ojos. ¿Quién, acaso, no se conmovía al recordar la imagen del Profeta de Al-lah levantando a sus amados nietos Hasan y Husayn sobre su espalda, diciéndoles: “¿Qué pensáis de vuestra montura? ¿Acaso no es la mejor montura? En cuanto a vosotros, por cierto que sois los mejores jinetes.” ¿Acaso estas palabras llenas de la pureza de la Revelación, “Hasan y Husayn son los señores de los jóvenes del Paraíso,” no demandaban ser conocidas por todos? La verdad tenía derecho a esparcirse y aquellos que tenían un sentido de la verdad en sus propias almas estaban deseosos de difundirla. El resultado de este anhelo por la verdad fue que los musulmanes comunes comenzaron a inclinarse hacia el shiísmo, surgiendo entonces las oportunidades propicias para el avance de este madhhab (escuela).

Los tiranos omeyas se abocaron a la persecución de la familia del Profeta Muhammad (saww) y sus seguidores, y estos compañeros que permanecían aún con vida finalmente también se convirtieron en víctimas de la espada y el veneno.

Pero el grito de los oprimidos no fue en vano. Tales eventos no fueron de una magnitud menor como para que la nación musulmana fuese inconsciente de ellos. Por el contrario, ellos los siguieron atentamente y como resultado de esto, grandes grupos de gente comenzaron a declarar su amor por el Imam ‘Ali (as) y sus descendientes. Así, la fuerza numérica de los shiíes se incrementó drásticamente. Con la misma rapidez con la cual la tiranía de los Omeyas crecía, también aumentaba el amor por la Gente de la Casa entre las personas comunes. Los descendientes de los Banu Umayah (omeyas) torturaban y oprimían hasta el extremo. Pero cada acción tiene su reacción.

Se relata que Shu’abi le dijo a su hijo: “¡Oh, hijo mío! El mundo no puede dañar los valores que la religión ha traído. Pero aquellas cosas que fueron hechas y adornadas por el mundo pueden ser totalmente destruidas por la religión. Sólo debes reflexionar en ‘Ali (as) y sus descendientes. ¿Acaso los Omeyas alguna vez abandonaron la opresión? Ellos siempre trataron de ocultar los méritos de Ahlul-Bayt, siempre se esforzaron por esconder la realidad de la situación y nunca dejaron de cantar alabanzas a sus propios ancestros tratando de mostrarlos como superiores a Ahlul-Bayt. Sin embargo, todos sus planes fueron revertidos: los Omeyas resultaron humillados hasta el polvo mientras que el nombre de la familia de Muhammad (saww) cada vez crece con más brillo.”

Aunque se sospecha que Shu’abi era enemigo de ‘Ali (as), estas palabras de verdad salieron de su boca y han sido preservadas por la historia. Zamajshari en su Rabi’ al-Abrar cita a Shu’abi diciendo: Nuestra situación era muy confusa: si amábamos a ‘Ali (as) corríamos el riesgo de ser asesinados; y si nos convertíamos en su enemigo, nuestra aniquilación era segura.”

 Los problemas y angustias de la Gente de la Casa no cesaron cuando el trono sufianí cayó bajo el control del gobernador marwanida Abdul Malik (hijo de Marwan ibn al-Hakam, quien había luchado contra el Imam ‘Ali (as) en la batalla de Yamal y había asumido el califato tras la muerte de Yazid ibn Muawiya). Abdul Malik fue un hombre monstruoso, por cuya orden Hayay arrasó la Santa Casa de la Ka’ba hasta los cimientos, pasando por la espada sin la menor misericordia a los residentes de aquel lugar sagrado.[17] Él mató a Abdullah ibn Zubair en la mezquita misma, entre el Haram y el Maqam, violando la santidad del Santuario, la cual era respetada incluso en la era preislámica, en la cual no se permitía ni siquiera derramar la sangre de un animal salvaje y mucho menos la de un ser humano. Luego, asesinó a su primo Sa’id ibn Ashdaq quien había sido su antiguo aliado[18] (con el cual tenía un pacto luego de que en el año 69 de la hégira lunar ocurriera entre ellos un conflicto bélico que duró varios días. Entonces, Abdul Malik lo invitó a Damasco brindándole al principio una gran bienvenida para después asesinarlo en forma traicionera). Por eso, Abdurrahman ibn Hakam en sus poesías lo critica diciendo: “Con ‘Amr… se comportaron traicioneramente. ¡Oh, hijos de un traidor! Vosotros, como vuestros semejantes, siempre construís vuestros pactos sobre la traición.”

Nosotros debemos preguntarnos si el perpetrador de tales atrocidades puede ser llamado “musulmán”. ¿Y qué deberíamos pensar, entonces, sobre llamarlo jalifatul muslimín (el califa de los musulmanes)? En verdad, todo el gobierno de los marwánidas corrió bajo los mismos lineamientos y a excepción de Omar ibn ‘Abdul-‘Aziz, todos los gobernantes mostraron las mismas tendencias afrentosas.[19]

Luego llegó el turno del gobierno abbásida, quienes incrementaron el sonido de los tambores (aumentando su pompa). Durante su período, el peso de la tiranía excedió con mucho a la de los marwánidas. Un poeta de aquella época expresó: “Hubiéramos preferido padecer la opresión de los marwánidas por siempre. ¡Ojalá que la justicia y equidad de los abbásidas se vayan al Infierno! ¡Cuán inmisericorde la sangre de los descendientes del Profeta (as) fue derramada! ¡Qué formas más extrañas adoptaron para aniquilarlos,[20] persiguiéndoles, asesinándoles en donde los encontrasen y destruyendo su casa!

La literatura de aquella época nos presenta un cuadro de la vida de aquel momento. Los poetas han descrito, por diversos caminos, las despóticas acciones de esta gente. Cuán veraz resulta, por cierto, la descripción hecha por un poeta de la época de Mutawakil, quien expresó: “¡Por Al-lah!, que si los descendientes de los Omeyas han oprimido tan cruelmente al nieto del Profeta (saww), quienes se llaman a sí mismos “descendientes del tío del Profeta” (es decir, los abbásidas) de ninguna manera se han quedado detrás de la familia de los Omeyas en opresión y tiranía. Tan sólo vean lo siguiente: estos tiranos incluso han demolido la tumba del Imam Husayn. Los Banu Abbas sólo se lamentaron de una única cosa: de no haber sido ellos quienes tomaron parte en el derramamiento de la inmaculada sangre de Husayn junto con los Bani Umayah. Sin embargo, ellos trataron de enmendar esto, echando abajo la tumba del Imam.

 Estos son sólo unos pocos ejemplos del carácter de los Bani Umayah y de los reyes marwánidas y abbásidas. Ahora, por otro lado, si vosotros reflexionáis sobre la vida del Imam ‘Ali (as) y de sus descendientes, llegarán a saber por qué el shiísmo se esparció y cómo lo hizo. Además se revelará la verdad acerca de si el shiísmo fue una innovación de los iraníes, una ingenuidad de los sabeos o si fue el simple y recto camino del Islam tal como fuera enseñado por el profeta Muhammad (saww).

Préstele atención a cómo vivían los hijos del Imam ‘Ali (as) en aquellas épocas, comenzando por el Imam Zaynul-‘Abidin (as). Después del martirio de Sayyid ash-Shuhada (el señor de los mártires), Imam Husayn (as), el Imam Zainul-‘Abidín (as) se convirtió en la cabeza de la familia de la Casa del Profeta. Después de la tragedia de Karbala, el santo Imam vivió una vida de reclusión, basada principalmente en la adoración de Al-lah, en impartir enseñanzas morales y dar guía espiritual a la gente, abriendo la misma puerta para algunos de los tabi’in. Personas altamente pías y devotas como: Hasan al-Basri, Tawus al-Yamani, Ibn Sirin y Amr ibn al-Ubaid entre otros, fueron el producto de esta misma escuela.

Los musulmanes recibieron una amplia instrucción y un gran conocimiento de parte del Sayyid as-Sayyad, el cuarto Imam, Zainul-‘Abidín (as), en un tiempo en el cual la gente común estaba siendo dirigida afuera de los caminos de la realidad, cuando el conocimiento de la verdad estaba a punto de desaparecer de sus corazones y sólo mencionaban a Al-lah con sus lenguas.

El Imam Zainul-‘Abidín (as) fue sucedido por el Imam Muhammad al-Baqir (as), quien también fue un brillante ejemplo del mismo carácter noble. Su legado fue pasado luego al Imam Ya’far as-Sádiq (as).

La época del Imam Sadiq (as) fue comparativamente la más favorable para los shiíes, ya que los poderes Omeyas y Abbásidas estaban exhaustos.[21] La tiranía abierta y la opresión se tornaron raras. Por consiguiente, las verdades que previamente habían sido suprimidas y aquellas realidades que estaban ocultas, emergieron como un sol y se difundieron como la luz. Aquellos que hasta entonces habían vivido en taqiyah (precaución), escondiendo sus creencias debido al miedo y al riesgo de sus vidas, también descubrieron su identidad. La atmósfera estaba bien dispuesta para la expansión del shiísmo. El santo Imam Ya’far as-Sadiq (as) pasaba día y noche enseñando. Sus discursos explicaban las enseñanzas que había tomado de su padre, de su abuelo, de ‘Ali y de Muhammad (saww).[22] Así, las enseñanzas de la verdad se pusieron al alcance de todo hombre común.

Grupos de creyentes cada vez más grande comenzaron a aceptar el madhhab Ya’fari. Esta época fue llamada «la edad dorada para la propagación del shiísmo,» porque antes de ella los musulmanes no podían profesar abiertamente el shiísmo ni podían siquiera buscar sus enseñanzas.

Esta escuela de aprendizaje era como un río que fluía, en el cual las personas que buscaban el conocimiento saciaban su sed para luego ir a saciar la sed de otros. De acuerdo con Abu Hasan al-Washsha’: “Yo personalmente ví una multitud de cuatro mil eruditos en la mezquita de Kufa y escuché a todos decir: Esta tradición nos fue relatada por Ya’far as-Sadiq (as).”

No prolongaremos más este tema poniendo ejemplos para él mismo porque de lo contrario nos saldríamos de nuestro objetivo y además porque estas cuestiones son más claras que la luz de un día soleado.

No existen dudas para quien investiga y analiza las cosas, del desenfrenado amor por el poder de los Omeyas y los Abbásidas, su tormentosa violencia, extrema mundanalidad e ilimitada indulgencia y lujuria (o fastuosidad). Por otro lado, la dedicación de los hijos de ‘Ali (as) y su amor por el conocimiento, su devoción a Al-lah, su veracidad y su abstención de la política corrupta, en obvio contraste con lo anterior, le mostró a la gente la verdad del shiísmo, permitiendo la rápida expansión de esta escuela y su aceptación por muchas personas.

Se sobreentiende que la vida, el amor al mundo y la inclinación hacia los bienes tiene influencia y control sobre la gente. Pero ellos también tienen un sentimiento natural hacia las diferentes ramas del aprendizaje y la validez de los asuntos religiosos. Especialmente el poderío del que estamos hablando (la época del Imam Sadiq) era cercano al del santo Profeta (saww), por lo que no prohibía buscar las cosas mundanales en sus caminos lícitos. Ellos habían visto claramente que la religión islámica es aquella que abunda en bienes para ellos y derraman sus incontables bendiciones. Ellos sabían que era el Islam el que había conquistado a los césares de Roma (Bizancio) y a los emperadores de Persia. Fue únicamente en nombre del Islam que ellos se convirtieron en gobernadores del este y del oeste. En síntesis, el Islam había dado a los árabes triunfos y honores que jamás habían imaginado ni soñado que podían alcanzar. ¿Acaso con todo esto ellos no iban a querer conocer las ramas y fundamentos de esta religión? Es claro que ellos anhelaban con ansias saber qué dice el Islam y cuál es su programa. Al menos querían conocer sus programas sociales y otros asuntos semejantes, como las cuestiones referentes a la familia, la preservación de la pureza del linaje, etc. Y los investigadores no encontraron nada sobre estas enseñanzas ante quienes habían tomado el nombre de Amirul-mu’minin y jaliftul-muslimin, sino que después de buscar intensamente, ellos hallaron todas estas cosas en forma correcta y completa ante la Gente de su Casa (la familia del Profeta) y custodios de su religión, aquellos que hacen llegar sus mandatos a su comunidad. Este fue otro factor de la extensión del shiísmo.

Los shiíes fueron creciendo con tal firmeza y convicción que estaban dispuestos a padecer cualquier cosa con tal de proteger su fe. La mayoría de los shiíes probaron ser inmensamente valientes e inspirados con el espíritu del sacrificio. Hayar ibn Adi al-Kindi, Amr ibn Himq al-Juza’i, Rushaid al-Hayari, Abdullah ibn Afif al-Azdi y Maizam at-Tammar, para nombrar a unos pocos, fueron fieles shiíes que en varias ocasiones confrontaron a los antagonistas del shiísmo, triunfando siempre, a pesar de que el grupo opositor fuese materialmente más poderoso. La fuerza moral de aquella gente mostraba la debilidad de los aparentemente poderosos ejércitos de los enemigos. Su sacrificio, por un lado conmovía a los gobiernos de los opresores hasta sus cimientos, y por el otro lado despertaba el intelecto de las élites y cambiaba la forma de pensar de la mayoría.

Nosotros debemos preguntarnos por qué esos nobles caballeros jugaban con la muerte de esa forma. ¿Acaso esperaban una ganancia mundanal de parte de los descendientes de Muhammad (saww) o temían la pérdida de sus vidas o de sus haciendas a través de ellos? La historia ha respondido a estas cuestiones de manera negativa. Los descendientes del Imam ‘Ali (as) en verdad que estaban desprovistos de recursos materiales.

Además, ellos no tenían ningún tipo de interés en este mundo. ¿Qué tenían, entonces, ellos para dar? Ellos entregaban el Islam a todos aquellos sedientos de verdad. Los luminosos corazones de estos luchadores estaban colmados con una fe intensa y una sinceridad perfecta. Y eran estos mismos sentimientos los que los conducían a dar batalla contra la tiranía y la corrupción.

Si uno considera a los literatos de la primera y la segunda centuria de la hégira lunar, encontrará que a pesar de la atmósfera de temor y angustia, los poetas de la época expresaban su aversión hacia los reyes de su tiempo y sus maldades, a la vez que alababan a la Gente de la Casa de Muhammad al-Mustafa (saww). Numerosos hombres de letras prestaron testimonio en contra de los califas reinantes y a favor de los verdaderos Imames (as) en sus obras. Farazdaq, Kumayl, Sayyid al-Humairi, Da’abal, Dikul-Yin, Abu Tamam al-Balarri y Abu Faras al Hamdani están llenos de loas por la santa progenie del Profeta Muhammad (saww). La siguiente copla de Abu Farazdaq es una muestra cabal del sentimiento de los poetas de aquella época: “La religión ha sido cortad en pedazos; la verdad se ha convertido en víctima de la opresión, y la parte de los descendientes del Mensajero de Al-lah ha sido usurpada y dividida hasta el fin de esta poesía.

 Cada uno de los poetas de esa época tiene poesías con estas características, elogiando a los Imames de la verdad y reprochando a los sultanes y gobernantes del momento, manifestando el amor a la Gente de la Casa (as) y la separación de los opresores. Por ejemplo, Da’abal ha escrito lo siguiente: “He estado cargando mi madera de la muerte durante cuarenta años, pero no he encontrado a nadie que me crucifique.

 Este poeta se había declarado en contra de Harun ar-Rashid, al-Ma’mun y al-Mutasim, y a la vez compuso una enorme y muy famosa cantidad de odas en alabanza de los Imames Ya’far as-Sadiq (as), Musa al-Kazim (as) y ‘Ali ar-Rida (as) de la manera más colorida posible.

No debemos olvidar que todo esto ocurrió en la época en que los Omeyas y Abbásidas dominaban absolutamente todo con pleno poder. Entonces observen lo que la fuerza de la fe y de la verdad hace con los corazones y las almas de los musulmanes, haciéndoles cumplir el derecho de la valentía, el coraje y la abnegación de manera completa. Este tema es demasiado extenso y, como una gran inundación, ocupa gran parte de la historia islámica. Por el momento no es nuestro objetivo dilucidarlo. Sólo deseamos mostrar el origen del árbol del shiísmo y a quien lo sembró dentro del jardín del Islam, explicando los factores de su crecimiento y desarrollo. No hablemos sobre este tema por sentimentalismo, sino como investigadores de la verdad, con objetividad y lejos de todo fanatismo, apoyándonos en una serie de realidades y de claros elementos de la historia. Considero haber cumplido cabalmente con el derecho de este tema.

Luego, quien quiera creer en él, que lo haga; y quien desee negarlo, está en libertad de hacerlo. Y no es nuestra intención olvidarnos de algunos de los servicios que los califas han brindado al Islam ni negarlos. Porque sólo los necios hacen estas cosas, y no somos necios. También estamos muy lejos de querer insultar o hablar mal de ellos.

Por el contrario, deseamos agradecer sus buenas obras y pasar por alto sus errores, diciendo que ese es un grupo de gente que ya ha desaparecido y ha recibido lo que se merecía, sea algo bueno o malo; es Al-lah Quien le pedirá cuentas por sus actos. Luego, sí El los dispensa, es por Su favor, y si los castiga es por Su justicia.

Nosotros no queríamos escribir estas cosas, pero las actitudes de algunos escritores contemporáneos nos ha obligado a hacerlo. Podríamos continuar mucho más con nuestra exposición, pero el objetivo de esta parte de la epístola sólo era delinear el origen del shiísmo y su surgimiento. Esperamos que nada haya quedado en forma ambigua, a pesar de la brevedad de este resumen. Deseamos enfatizar que el shiísmo comenzó con el mismo Profeta Muhammad (saww) y que su expansión y propagación es un hecho histórico. Debemos observar la serie de razones y motivos conectados en una secuencia regular que dieron lugar a la separación del Islam shi’ah del resto de la comunidad.

NOTAS:

[1] El hecho que Al-lah esté complacido con los seguidores del Imam ‘Ali (as) implica que ellos son de una categoría excelente por su fe y sus acciones, no meramente por llevar el nombre de shi’ah. Sobre esto, existen muchas tradiciones de los Imames que definen las características de sus seguidores. Por ejemplo en una conocida tradición señala que un grupo de personas le dijo al Imam ‘Ali (as): “Nosotros somos tus seguidores.” Entonces el Imam escudriñó sus rostros y luego les dijo: “¿Por qué no veo en vosotros la fisonomía de mis seguidores?” Ellos le preguntaron cuál era esta fisonomía, y el Imam les dijo: “El vientre hundido por el ayuno, los labios ajados por la súplica, los ojos irritados por la vigilia y el polvo de la humildad sobre ellos…”. En otra tradición se lee que un hombre se le acercó al Imam Husayn (as) y le dijo: “¡Oh, hijo del Profeta! En verdad que yo soy de tu shi’a.” Husayn ibn ‘Ali (as) le dijo: “¡Teme a Al-lah y no realices tal declaración de modo tal que Al-lah Todopoderoso te diga: ‘¡Has mentido insolentemente haciendo esta proclama!’¡Por cierto que nuestra shi’ah es aquella cuyo corazón está libre de toda clase de engaño o adulteración, enemistad, malicia corrupción!. Si tú no eres de tal forma, entonces di: ‘Soy uno de tus admiradores y de aquéllos que te apoyan’.”

[2] Aun así, no se puede santificar a todos los compañeros del Profeta en forma general, pues los hechos históricos nos muestran que la situación cambió luego del fallecimiento del Profeta Muhammad (saww).

[3] Como Abu Dharr al-Gaffari, Salman al-Farsi, Farwat ibn Amr, Jalid ibn Sa’id al-‘As, Unai ibn Ka’b, Barat ibn ‘Asib, Qais ibn Sa’d ‘ubadah y Juzaimah ibn Zabit.

[4] ‘Abdullah ibn ‘Abbas cuenta que cuando el Imam ‘Ali (as) durante su califato, marchaba con su ejército hacia Basora, se detuvo en Diqár. Entonces fue a verlo y lo encontré remendando su sandalia y me sorprendí por esto, el Imam me preguntó: “¿Cuál piensas que puede ser el valor de estas sandalias?” Contesté: “Ninguno, mi señor. Ni siquiera valen el remiendo que les estas colocando”. Entonces ‘Ali me dijo: “¡Oh, ibn ‘Abbas! Este califato tiene menos valor para mí que este par de sandalias, a no ser por establecer el régimen de la justicia y la verdad, y erradicar la tiranía y la opresión.” Luego el Imam se colocó frente a su ejército y, entre otras cosas, les dijo: “Mi misión es hoy la misma que fue en los tiempos del Profeta Muhammad (saww). Me esforzaré hasta erradicar por completo la impiedad y la injusticia, y establecer el gobierno de la justicia y la verdad…”

[5] El califato del Imam ‘Ali (as) tuvo lugar 25 años después de la muerte del santo Profeta y duró casi 5 años. Durante ese tiempo, el Imam tuvo que enfrentar 3 revueltas: La primera en Basora, encabezada por Talha y Zubair; la segunda en Siffín, encabezada con Muawiya, el hijo de Abu Sufián; la tercera contra un grupo desviado del Islam llamado los jariyis. Muawiya fue el principal instigador en los tres casos, pues incitó a Talha y Zubair a rebelarse y promovió la formación de la secta de los jariyis. Él mismo sublevó al pueblo de Damasco en contra del Imam ‘Ali (as), y dio lugar a la guerra de Siffín. En esta batalla murieron 45.000 hombres de Muawiya y 25.000 hombres del Imam. Finalmente, cuando Muawiya estaba a punto de ser derrotado, recurrió a una treta: hizo poner hojas en las puntas de las lanzas de sus soldados, quienes las agitaron diciendo que eran el Corán, y reclamó un arbitraje basado en libro de Al-lah. Un grupo del ejército de ‘Ali, sobornado por Muawiya, forzó al Imam a aceptar el arbitraje y dar por concluida la batalla. Este mismo grupo después se rebeló contra el Imam ‘Ali acusándolo por haber aceptado este arbitraje, y formaron la secta de los jariyis. Esta treta del arbitraje le permitió a Muawiya conservar su gobierno en Damasco y más tarde, luego del martirio del Imam, poder tomar el califato.

[6] ‘Ammar ibn Yasir fue uno de los primeros musulmanes. Cundo en la Meca los incrédulos de Quraish comenzaron a hostigar a los musulmanes (quienes al principio en su mayoría eran pobres, humildes y esclavos), los padres de ‘Ammar fueron torturados para que renieguen del Islam, y al negarse, fueron muertos, siendo los primeros mártires del Islam. ‘Ammar también resultó torturado, y para salvar su vida tuvo que fingir que rechazaba el Islam. Luego, cuando los musulmanes emigraron a Medina, mientras construían la primera mezquita del Islam el Mensajero de Al-lah vaticinó que ‘Ammar sería muerto por un grupo rebelde, quienes lo matarían mientras él los estuviese convocando hacia la verdad. A raíz de esto, ‘Ammar siempre fue tomado como un seguidor de la verdad, a tal punto que su presencia en el ejército de ‘Ali (as) hizo que mucha gente se convenciera cuál de los dos bandos tenía la razón. Su martirio durante el combate produjo un caos en el ejército de Muawiya. Juzaimah Dush Shahadatain (el de los dos testimonios) era conocido con ese apelativo porque era un hombre tan piadoso y veraz, que el santo Profeta había ordenado que su palabra fuese considerada equivalente al testimonio de dos personas justas y veraces. En cuanto a Abu Ayub al-Ansári fue un conocido compañero del Profeta Muhammad (saww) y del Imam ‘Ali (as). Fue en su casa donde se hospedó el Mensajero de Al-lah tras su llegada a Medina.

[7] El pacto de Aqabah fue un acuerdo que realizó el Profeta Muhammad (saww) con un pequeño grupo de miembros de la ciudad de Medina recién islamizado, y que permitió que dos años más tarde se diera la emigración de los musulmanes de la Meca a Medina, donde se constituyó el primer estado islámico, hecho que da inicio al calendario de la hégira lunar. La batalla de Badr fue el primer gran enfrentamiento entre el ejército islámico y los quraishis enemigos del Islam. Tuvo lugar el segundo año del calendario islámico.

[8] En la batalla de Siffín fueron martirizados unos 25.000 hombres del Imam ‘Ali (as). Además de ‘Ammar, habían unos 25 que habían combatido en Badr y entre 63 y 303 que le habían jurado fidelidad al Profeta Muhammad (saww) en Ridwan, el año sexto de la hégira lunar. Es decir que muchos de ellos eran musulmanes de las primeras épocas. También fue martirizado Uways al-Qarani, un gran místico de quien el Profeta había dicho que moriría luchando en favor de Al-lah y de Su Mensajero, y que el número de personas que se beneficiaría con su intercesión sería como el de las tribus de Mudar y Rabi’a, dos grandes tribus árabes. Todos ellos sacrificaron sus vidas con la plena certeza de que el camino del Imam ‘Ali (as) era el correcto.

[9] La batalla de Siffín, como ya dijimos, concluyó con una treta de Muawiya, quien solicitó un arbitraje para resolver el conflicto. Esto sólo era una excusa para evitar una derrota aplastante y conservar su puesto de gobernador de Shams (Siria). El arbitraje se realizó y resultó ser una farsa que favoreció a Muawiya. Entonces el Imam ‘Ali (as) volvió a convocar a su ejército para marcha hacia Shams y concluir con las conspiraciones que continuamente realizaba Muawiya y poner las cosas en su lugar. Reunió un ejército de 40.000 hombres, pero una semana más tarde fue martirizado por un jariyi llamado Ibn Mulyam, quien lo golpeó en la nuca con una espada envenenada mientras el Imam ‘Ali (as) se hallaba prosternado rezando. Entonces asumió el imamato y el califato el Imam Hasan (as), y movilizó el ejército hacia Shams. Pero ese lapso de tiempo y la muerte del Imam ‘Ali (as) le permitió a Muawiya originar divisiones internas en el ejército, el cual terminó dispersándose y abandonando al Imam Hasan (as), quien se vio forzado a pactar con Muawiya y cederle el califato bajo determinadas condiciones que Muawiya no cumplió tales como el respeto por las leyes islámicas, el respeto por la familia del Profeta Muhammad (saww) y la restitución del califato a manos de la Gente de la Casa tras su muerte.

[10] Muawiya, hijo de Abu Sufián, asumió primero como gobernador de Damasco (Shams), tras la muerte de su hermano mayor quien ocupaba dicho cargo por designación del primer califa. Finalmente, 6 meses después de la muerte del Imam ‘Ali (as), logra tomar el califato e inicia la dinastía Omeya. Muawiya, al igual que muchos grandes tiranos de la historia, usaba la religión como una pantalla para dar una apariencia falsa y ocultar su maldad. Así, él se hacía llamar “tío de los creyentes” aprovechando el hecho de que su hermana, Umm Habiba, había sido una de las esposas del Profeta Muhammad (saww), a las que se las llamaba “madre de los creyentes.” También se hacía llamar “escriba de la Revelación,” ya que en los últimos años de la vida del santo Profeta había sido uno de los tantos secretarios suyos, por un pedido de Abu Sufián. Sin embargo, se había hecho construir un majestuoso palacio en Damasco, donde se daba todos los gustos, viviendo a la manera de los grandes reyes y emperadores. Incluso en privado se hacía llamar el “rey cosroes de los árabes” y exigía el trato de la monarquía hacia él. En cuanto a su conducta y sus reales intenciones, éstas quedan de manifiesta en las primeras palabras que él pronunciara en Iraq tras asumir el califato. Él dijo: “Yo no he peleado contra ustedes para que recen o ayunen. Ustedes ya hacen esto. Sólo he luchado para ser su gobernante, y he logrado esto. He hecho un pacto con Hasan. Ahora dicho pacto está bajo mis pies y no lo cumpliré en absoluto.”

[11] ‘Amr ibn al-‘Aás era uno de los grandes enemigos del Islam de las primeras épocas. Su padre, ‘Aás ibn Wail, era quien insultaba al Profeta Muhammad (saww) llamándolo abtar (carente de descendencia o de posteridad), porque el Profeta se le habían muerto sus dos hijos varones. A raíz de esto fue revelado la Suratul-Kauzar (La abundancia), la cual expresa «Sin duda que tu enemigo es el privado de posteridad». ‘Amr ibn al-‘Aás fue quien persiguió a los primeros musulmanes que emigraron a Etiopía durante los primeros años del Islam, aunque fracasó en su intento. Años más tarde, cuando los musulmanes estaban a punto de conquista la Meca y el triunfo del Islam era inminente, se islamizó y pasó al lado de los musulmanes. Luego integró la corte de Muawiya como su principal consejero. Fue quien ideó la treta del arbitraje en la batalla de Siffín. Cuando el ejército de Muawiya logra conquistar Egipto, luego de durísimo combates contra los soldados fieles al Imam ‘Ali (as), es nombrado gobernador de esa región, imponiendo el gobierno despótico característico de los Omeyas.

[12] Ziyad ibn Abih era un hombre muy astuto e inteligente. Su madre era de reputación muy mala, al punto que no se conocía quién era su padre. En cierta ocasión, Abu Sufian dijo que este joven al cual admiraban por su sagacidad, era su hijo nacido en adulterio, pero que no lo hacía público por temor al castigo que le pudiera imponer Omar, quien en ese momento era califa. Luego cuando el Imam ‘Ali (as) fue califa, ‘Abdullah ibn ‘Abbas lo nombró a Ziyad como comisario de una comarca. El Imam le envió a Ziyad varias cartas advirtiéndole sobre su conducta, y finalmente lo destituyó de su puesto por corrupción y enriquecimiento ilícito. En ese momento, Muawiya aprovechó la ocasión de ganarse un buen aliado, y admitió como válido el dicho de su padre, Abu Sufian, considerando a Ziyad como su hermanastro y dándole un lugar en su gobierno como consejero. Así se convirtió en el segundo hombre de importancia para Muawiya, luego de ‘Amr ibn ‘Aás. Su hijo, Ibn Ziyad, comandó la masacre de Karbala durante el califato de Yazid, donde asesinaron al nieto del Profeta Muhammad (saww), Imam Husayn (as), y a 70 miembros de la familia del Profeta y los seguidores del Imam.

[13] Yazid era el hijo de Muawiya y fue el califa que gobernó después de su padre. Su madre no era musulmana sino bizantina, y lo había criado con las costumbres de los emperadores bizantinos. Era abiertamente corrupto y no le interesaban las apariencias; bebía vino en público, organizaba grandes orgías al estilo romano y no respetaba ninguna de las normas de la religión. Como una muestra cabal de su corrupción podemos decir que en sus 3 años de gobierno realizó la masacre de Karbala en el primer año, el ataque a Medina en el segundo año y el ataque a la Meca (agrediendo el Santuario de la Ka’ba) en el tercer año. Es decir que no respetó absolutamente nada de lo que es sagrado para el Islam.

[14] El contraste entre la vida piadosa y austera del Imam ‘Ali (as) y el califato de Muawiya es notable. Existen cientos de informes que señalan que el Imam ‘Ali (as) siendo el califa de los musulmanes, vestía una ropa humilde y rústica, aún más económica y más simple que aquella que vestían sus propios sirvientes, y comía una comida muy simple, la mayoría de las veces consistentes en pan de cebada, nada más. Jamás hizo uso indebido del tesoro público, ni permitió que ninguno de sus funcionarios lo hiciese. Los días viernes solía hacer una oración en la sala del tesoro público y decía que esos bienes testimoniarían en su favor el Día de Juicio. Decía también: “Ingresé a sus ciudades (al asumir el califato) con mis ropas viejas, y mi equipaje está a la vista. Si partiera de sus ciudades con algo más de lo que traje, sería uno de los traidores.” Él explicaba su conducta austera diciendo: “Es posible que en el Hiyaz y el Yemen (la península arábica) haya personas que no tengan esperanza ni siquiera de obtener un pedazo de pan, gente que nunca puede satisfacer completamente su hambre…¿Acaso estaré contento con que se me llame ‘Amir al-Mu’minin (Príncipe de los creyentes), título que usaban los califas y no me compadeceré de los musulmanes en sus designios? ¿Acaso no compartiré sus adversidades y no seré el más sufrido entre ellos?” Así el Imam ‘Ali (as) enseño cuál debe ser la conducta de un guía sincero, de un gobernador que trabaja para la gente y no para enriquecerse a sí mismo.

[15] Estas palabras de Muawiya rebelan el grado de su hipocresía. Él había ordenado que en los llamados a la oración en las mezquitas y ante de los sermones, después de las bendiciones al Profeta, se debía maldecir al Imam ‘Ali. Así fomentó el odio y el resentimiento en contra de la figura del Imam en los corazones de aquellas personas que nunca lo habían visto ni lo conocían. Sin embargo, Muawiya estaba bien al tanto de las innegables virtudes y cualidades del Imam ‘Ali (as).

[16] El Imam Hasan (as) murió envenenado por una de sus esposas llamada Yu’da, a quien Muawiya le había pagado 100 mil dirhams (un dirham era una moneda de plata) para que lo hiciera y le había prometido que la casaría con su hijo Yazid, que era heredero al trono del califato de Muawiya. Sin embargo, Muawiya no cumplió con esta última parte del acuerdo.

[17] El ataque al Santuario de la Meca lo ordenó en primer lugar Yazid, hijo de Muawiya, en su califato. Pero él murió antes de que dicho ataque concluyera. En ese momento asumió el califato Marwán ibn al-Hakam, quien falleció un año más tarde, dejando el califato a su hijo ‘Abdul Malik. Cuando cesaron estos meses de confusión por la sucesión de califas, el ejército volvió a atacar la Meca. El motivo de estos ataques fue que ‘Abdullah ibn Zubair (quien había combatido contra el Imam ‘Ali (as) en la primera batalla que el Imam tuvo que enfrentar en su califato) había creado un califato separado del poder central de Damasco, con sede en la Meca.

[18] Los marwánidas fueron los descendientes de Marwán ibn al-Hakam (califa después de Yazid) que en número de 11 gobernaron durante 70 años. Sus conductas antirreligiosas eran públicas y manifiestas. Por ejemplo, uno de ellos se hizo construir una habitación sobre la Ka’ba para divertirse durante su peregrinación anual; otro usaba el Corán como blanco de sus flechas; etc. Durante el gobierno de estos califas fueron envenenados los Imames Zaynul-‘Abidin (as) y Muhammad al-Baqir (as). También fueron perseguidos y asesinados muchos shiíes miembros de la familia del Profeta Muhammad (saww). Omar ibn ‘Abdul-‘Aziz fue la única excepción en esta dinastía opresora que originó un fuerte imperio árabe pero dejó de lado la religión. Él respetó a los descendientes de Fátima (as) y reconoció el derecho de ellos sobre la tierra de Fadak, propiedad de Fátima que le fueron arrebatadas por los califas y que fue usufructuada por diversos omeyas, así como luego sería por los Abbásidas. Además, Omar ibn ‘Abdul-‘Aziz es conocido por haber edificado la mezquita al-Aqsa en Jerusalén.

[19] Durante el gobierno de los Abbásidas los shiíes fueron aún más perseguidos que durante la dinastía Omeya. Muchos fueron apresados, torturados, enterrados vivos, quemados e incluso colocados dentro de las paredes de los edificios en construcción. Durante la época de estos califas fueron envenenados los Imames Ya’far as-Sadiq (as), Musa al-Kazim (as), ‘Ali al-Rida (as), Muhammad al-Yawad (as), ‘Ali al-Hadi (as) y Hasan al-‘Askari (as).

[20] El Imam Ya’far as-Sadiq (as) vivió durante la transición entre la dinastía Omeya y la Abbásida, lo cual le permitió gozar de cierta tranquilidad y libertad como para organizar el madhhab imamí, la cual en Medina contaba con 4 mil alumnos, quienes escribieron bajo la supervisión del Imam cientos libros y tratados de diversos temas científicos y religiosos. Esto pudo ser así gracias a que los Abbásidas habían asumido el poder reclamando el derecho de la familia del Profeta Muhammad (saww) y gracias al trabajo que previamente habían realizado su abuelo y su padre, los Imanes Zaynul-‘Abidín (as) y Muhammad al-Báqir (as).

[21] El Imam Sadiq (as) es el principal transmisor del hadith (dichos) del madhhab shiíe gracias a que continuamente ordenaba a sus discípulos poner por escrito todas las enseñanzas. Su Escuela fue la primera en organizarse y establecerse dentro del Islam. Los imames de las cuatro escuelas sunnis tomaron muchas enseñanzas de Ya’far as-Sadiq (as) lo cual es ampliamente reconocido. Estas escuelas son posteriores a la Ya’fari.

[22] El Imam ‘Ali (as) solía decir: “¡Oh, mundo vicioso! ¡Aléjate de mí! ¿Por qué te gusta ponerte frente a mí? ¿Te has enamorado de mí, acaso, o quieres seducirme? ¡Al-lah impida que sea seducido por ti o tentado por tus deseos! No será posible eso conmigo. ¡Inténtalo, pues, con otros! Yo no quiero tenerte ni poseerte. Te he repudiado tres veces. Es como divorciarse tres veces de una mujer: después ya no puedes volver a tomarla como esposa. La vida de deleite que tú ofreces es de muy corta duración. No hay nada realmente importante en lo que tú ofreces. El deseo de poseerte es un insulto y una humillación para los espíritus sensatos.” Este mismo sentimiento caracterizó siempre a la vida de los Imames de la Gente de la Casa Profética.


بِسْمِ اللَّـهِ الرَّحْمَـٰنِ الرَّحِيمِ
الحمد للّه رب العالمين والصلاة والسلام على خير خلقه محمد وآله الطاهرين

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL SHIÍSMO

1GHADIR JUM

«La Shi‘ah en el Islam,» es el título de un libro introductorio escrito por el teólogo iraní, ‘Allamah Sayyid Muhammad Husayn Tabataba’i, para presentar al shiísmo especialmente a los lectores no musulmanes. Reeditado muchas veces y por primera vez en un lenguaje sencillo, este libro consta de tres capítulos y abarca muchas discusiones sobre la Shi’ah, que oscila desde la aparición histórica del método particular de la jurisprudencia islámica, hasta las delicadas enseñanzas espirituales.

El origen y el desarrollo del shiísmo comenzó con una referencia hecha por primera vez a los Shi’ah ‘Ali (seguidores de ‘Ali), el primer guía de los Ahlul-Bayt (as). El derrotero seguido desde la primera manifestación del Islam y su crecimiento posterior durante los 23 años de la misión profética, produjo muchas condiciones que necesitaban de la aparición de grupos entre los compañeros del Santo Profeta (saww).[1]

El Santo Profeta (saww) durante los primeros días de su misión, cuando de acuerdo al texto del Sagrado Corán le fue ordenado que invitara a sus parientes más cercanos para que se adhieran a su religión,[2] les dijo claramente que quienquiera fuera el primero en aceptar su invitación se convertiría en su sucesor y heredero. ‘Ali (as) fue el primero en dar un paso adelante y abrazar el Islam y el Santo Profeta (saww) aceptó la sumisión de ‘Ali a la fe y así cumplió su promesa.[3] Por lo general no es posible suponer que el líder del movimiento, durante los primeros días de su actividad, fuera a presentar a los extraños a uno de sus asociados como un sucesor y heredero, pero no lo presente a sus amigos y ayudantes totalmente devotos y leales. Ni se ve probable que un líder así aceptase a alguien como su segundo y sucesor, y lo presente a otros como tal, pero luego a lo largo de su vida y de la enseñanza religiosa le prive de sus obligaciones como reemplazante, independientemente del respeto debido a su posición como sucesor, rechazando hacer alguna distinción entre el mismo y los otros.

El Santo Profeta (saww), de acuerdo a muchos hadith auténticos totalmente indiscutibles, tanto sunnis como shiíes, asegura claramente que ‘Ali (as)[4] estaba libre de errores y pecados en sus acciones y dichos. Cualquier cosa que decía o hacía estaba en conformidad perfecta con las enseñanzas de la religión y era el de mayor conocimiento de los hombres en materias relativas a las ciencias y mandatos islámicos.[5]

Durante el período de la profecía, ‘Ali (as) cumplió valiosos servicios e hizo destacables sacrificios. Como el dormir en la cama del Santo Profeta en la noche de la emigración[6] y combatiendo en las batallas de Badr,Uhud, Jundaq y Jaibar, en donde las victorias logradas con su ayuda fueron tales que si no hubiese estado presente lo más probable es que el enemigo hubiera extirpado de raíz al Islam y los musulmanes, como se relata en las historias normales.[7]

La evidencia central en lo que respecta a la legitimidad de ‘Ali como heredero del Profeta Muhammad (saww) es el suceso de Ghadir Jum, cuando el Santo Profeta (saww) eligió a Alí como su walayat-y-ammah (sucesor general de la comunidad), frente a la vasta multitud que le estaba acompañando, haciéndolo como él, su wali (protector).[8]

Es evidente que debido a tales reconocimientos y servicios distinguidos, dadas las especiales virtudes aclamadas por todos,[9] era debido al gran amor que el Santo Profeta (saww) demostraba por ‘Ali (as),[10] algunos de los compañeros que lo conocían bien y que eran amantes de la virtud y de la verdad, llegaron a amarlo. Se reunían alrededor de ‘Ali (as) y lo siguieron de tal manera que muchos otros comenzaron a sentir celos y envidia en su presencia.

Además de todos estos elementos vemos en muchos dichos del Santo Profeta (saww) las referencias a la Shi’ah ‘Ali, y a la Shi’ah Ahlul-Bayt (los seguidores de la Casa del Profeta).[11]

La causa de la separación de la minoría shiíe de la mayoría sunni

 Los compañeros y seguidores de ‘Ali (as) afirmaban que después de la muerte del Santo Profeta (saww), la khilafat wa maryaiyat (el califato y la autoridad religiosa) le pertenecían a ‘Ali (as). Solamente los sucesos que tuvieron lugar durante los pocos días de la enfermedad final del Santo Profeta (saww) indicaron que había opiniones encontradas entre ellos.[12]

Contrariamente a lo que esperaban, en el mismo momento de la muerte del Santo Profeta (saww), y cuando su cuerpo aún permanecía sin sepultar, mientras unos pocos compañeros estaban ocupados con lo relativo a su entierro y servicio funerario, los compañeros y seguidores de ‘Ali (as) recibieron noticias de la actividad de otro grupo que había ido a la mezquita, donde estaba reunida la comunidad frente a la repentina pérdida de su líder. Este grupo, que más tarde iba a formar la mayoría, planteó con gran prisa la elección de un califa para los musulmanes con el objetivo de asegurar el bienestar de la comunidad y resolver sus problemas inmediatos. Hicieron esto sin consultar a los Ahlul-Bayt (Casa del Profeta), a sus parientes ni a muchos de sus compañeros, quienes estaban ocupados con el funeral, y sin darles la más mínima información. Así se presentó para ‘Ali y sus compañeros un hecho consumado.[13] ‘Ali (as) y sus seguidores como Abbas, Zubayr, Salman, Abu Dharr, Miqdad y ‘Ammar después de terminar con el entierro del cuerpo del Santo Profeta (saww) tomaron conciencia del procedimiento por medio del cual había sido elegido el califa. Incluso presentaron sus propias pruebas y argumentos, pero la respuesta que recibieron fue que el bienestar de los musulmanes estaba en juego y que lo hecho solucionaba esa situación.[14]

Fue esta protesta y crítica lo que dividió de la mayoría a la minoría, que eran los seguidores de ‘Ali (as), e hizo que se les conociese como los shi’ah ‘Ali. El califato de aquel momento estaba ansioso de protegerse contra ese alegato de la minoría shiíe y así tener a la sociedad musulmana dividida precisamente en mayoría y minoría. Los defensores del califa consideraban que el califato era una cuestión que correspondía al iŷma’ (consenso de la comunidad) y llamaban a quienes objetaban esto, los opositores a la obediencia y a veces con expresiones degradantes de otros nombres.[15]

 El shiísmo fue condenado desde el primer momento debido a la situación política de la época, de modo que no podía lograr nada por medio de la simple protesta. Con el objeto de salvaguardar el bienestar del Islam y de los musulmanes, y también por la falta del suficiente poder militar, Ali (as) no se esforzó por iniciar un levantamiento contra el orden político existente, el cual habría sido naturalmente sangriento. No obstante, quienes protestaron contra el califato establecido rechazaron someterse a la mayoría y continuaron afirmando que la sucesión del Santo Profeta (saww) y la autoridad religiosa pertenecían por derecho a ‘Ali (as).[16] Creían que todas las cuestiones religiosas y espirituales debían remitirse al Imam e invitaron al pueblo a convertirse en seguidores suyos.[17]

 Los dos problemas de la sucesión y la autoridad en las ciencias religiosas

 De acuerdo con la instrucción islámica, el shiísmo confirmó que la cuestión más importante que enfrenta la comunidad es precisamente la dilucidación y clarificación de esas enseñanzas y los principios de las ciencias religiosas.[18] Solamente después de esa clarificación podía considerarse la aplicación de esas enseñanzas a la comunidad.

En otras palabras, primero: los miembros de la comunidad debían ser capaces de obtener una auténtica visión del mundo y de los hombres, basados sobre la real naturaleza de las cosas. Solamente entonces podían conocer y cumplir sus obligaciones como seres humanos (en lo que subyace el verdadero bienestar) aunque el cumplimiento de esos deberes religiosos fuese en contra de sus deseos.

Segundo: un gobierno religioso debería preservar y ejecutar un auténtico orden islámico en la comunidad de tal manera que el hombre no fuese a adorar a nadie más que a Al-lâh, llegar a poseer la mayor libertad y personal posible y beneficiándose socialmente. Estos dos fines podían ser cumplidos solamente por una persona que fuese infalible y protegida por Al-lâh para no cometer errores. De otro modo cualquiera podría convertirse en gobernante o autoridad religiosa sin estar libre de la posibilidad de distorsión de las ideas o de ser desleal con las obligaciones puestas sobre sus hombros. Si esto sucediera, las justas y liberadoras normas del Islam podrían ser convertidas gradualmente en normas dictatoriales y dar lugar a un sultanato totalmente autocrático. Además, las enseñanzas religiosas puras podrían convertirse, como se puede ver en el caso de otras religiones, en las víctimas del cambio y la distorsión en manos de estudiosos egoístas entregados a la satisfacción de sus pasiones. Como es confirmado por el Santo Profeta, ‘Ali (as) siguió perfecta y plenamente el Libro de Al-lâh y la tradición profética, tanto en palabras como en obras.[19]

Entonces la mayoría debió haberse opuesto a los qurashis afirmando la rectitud de ‘Ali. Debería haber sofocado toda oposición a la justa causa de la misma manera que combatieron contra los grupos que rechazaban pagar el zakat (impuesto religioso). La mayoría no debió haber permanecido indiferente a lo que era justo, por temor a la oposición de los qurayshis.

Lo que impidió a la shi’ah aceptar el método electivo del califato mediante la elección de la gente fue el temor a las consecuencias dañinas que podría resultar de ello: el temor a la posible corrupción en el gobierno islámico y de la destrucción de las sólidas bases para las sublimes ciencias religiosas. La historia de los sucesos posteriores confirmó este temor (o predicción), con el resultado de que los shiíes se volvieron incluso más firmes en sus nociones. Durante los primeros años, sin embargo, debido al pequeño número de seguidores, el shiísmo parecía exteriormente haber sido absorbido en la mayoría, aunque privadamente continuaba insistiendo en la adquisición de las ciencias islámicas de los Ahlul-Bayt e invitarlos al camino. Al mismo tiempo, con el objeto de preservar el poder del Islam y salvaguardar su progreso, el shiísmo no desplegó una oposición abierta al resto de la comunidad islámica, incluso combatieron junto a la mayoría en las yihad (guerras santas) y participaron en los asuntos públicos. El propio ‘Ali (as) sirvió de guía a la mayoría en interés del Islam en su conjunto, en todos los casos en que esa acción resultaba necesaria.[20]

El método político de elección del califa y su discrepancia con la visión shiíe

 El shiísmo afirma que la shari’ah (ley divina del Islam), cuya substancia se encuentra en el Libro de Al-lâh y en la sunnah (tradición) del Santo Profeta (saww), permanecerá válida hasta el Día de la Resurrección y nunca pudo, ni podrá ser alterada.[21] Un gobierno realmente islámico no puede bajo ningún pretexto rechazar el llevar a cabo totalmente los mandatos de la shari’ah. El deber singular de un gobierno islámico es tomar decisiones por medio de la consulta dentro de los límites establecidos por la shari’ah y de acuerdo con los requerimientos del momento. El incidente descrito en el hadith de “La tinta y el papel”, que sucedió durante los últimos días de la enfermedad del Santo Profeta

(saww), revelan el hecho de que quienes dirigían y respaldaban el movimiento para elegir al califa a través de la votación, creían que el Libro de Al-lâh debía ser preservado en la forma de una constitución política. Enfatizaban la importancia del Libro Sagrado y prestaban mucho menos atención a la tradición del Santo Profeta (saww), como una fuente inmutable de las enseñanzas del Islam. Parecen haber aceptado las modificaciones de ciertos aspectos de las enseñanzas islámicas respecto al gobierno para acomodarse a las condiciones del momento y en consideración del bienestar general. Esta tendencia de enfatizar solamente ciertos principios de la Ley divina se confirma por muchas expresiones que más tarde fueron transmitidas respecto a los compañeros del Santo Profeta (saww). Por ejemplo, los compañeros eran considerados muŷtahid (autoridades independientes en materia religiosa), siendo capaces de elaborar iŷtihad (juicios independientes) en cuestiones públicas. Este concepto fue respaldado ampliamente durante los primeros años después de la muerte del Santo Profeta (saww). Por ejemplo, ocurrió entonces el complicado incidente que involucró al conocido general Jalid Ibn Walid en la casa de uno de los prominentes musulmanes de esos días, Malik Ibn Nuwayrah, que condujo a la muerte de éste. El hecho de que Walid no fue censurado para nada por este incidente debido a que era un distinguido líder militar muestra una indulgencia indebida hacia algunas de las acciones de los compañeros, las cuales estaban por debajo de la norma de piedad perfecta y rectitud evidenciada en las acciones de la élite espiritual entre ellos.[22]

Otra práctica de los primeros años fue la supresión del jums (tributo religioso) a los miembros de los Ahlul-Bayt (as) y a los parientes del Santo Profeta (saww)[23] y los textos escritos de los hadith del Santo Profeta eran totalmente prohibidos y si se encontraba alguno escrito, debía ser quemado o destruido.[24] Sabemos que esta prohibición continuó a lo largo del califato de los «Julafa rashidun», en el período Omeya y no cesó hasta el período de Umar Ibn Abdul-Aziz, quien gobernó desde el año 99 hasta el año 102 de la hégira lunar (717 al 719 de nuestra era).[25] Durante el período del segundo califa en el año 13 hasta el año 25 de la hégira lunar (634-644 de nuestra era) hubo una continuación de la política de enfatizar ciertos aspectos de la shari’ah y algunas de las prácticas fueron prohibidas, otras omitidas y algunas agregadas. Por ejemplo, la haŷŷ tamattu (un tipo de peregrinación en la que la ceremonia del umrah, se utiliza en vez de la ceremonia haŷŷ), mut’ah (matrimonio temporal), y  la recitación hayya ala jayr al-amal (venid a la mejor acción) en el llamado a la oración fueron prohibidas.[26]

Fue también durante el período de gobierno del segundo califa que nuevas fuerzas económicas y sociales condujeron a una despareja distribución del bayt al-mal (tesoro público) entre la gente, acto que más tarde fue causa de desconcertantes diferencias de clase y sangrientas y espantosas luchas entre musulmanes.[27] En esa época Muawiyah gobernaba Damasco al estilo de los emperadores y sultanatos reales e incluso se le dió el título de «Jusraw de los Árabes», pero nadie protestó.

El segundo califa fue muerto por un esclavo persa en el año 23 de la hégira lunar (644 de nuestra era). De acuerdo con la mayoría de votos del consejo de seis hombres que se había reunido por orden del califa antes de su muerte, fue elegido el tercer califa. Este no impidió que sus parientes Omeyas dominaran sobre el pueblo durante su califato, eligiendo a algunos de ellos como gobernantes en Hiyaz, Irak, Egipto y otras tierras musulmanas.[28] Estos parientes comenzaron a ser muy elásticos en la aplicación de los principios morales en el gobierno. Algunos de ellos actuaron abiertamente como injustos tiranos cometiendo pecados e iniquidades y quebrantando ciertos dogmas o principios de las leyes islámicas firmemente establecidos.[29] En corto comenzaron a fluir hacia la capital correntadas de protestas. Pero el califa, que estaba bajo la influencia de sus parientes, no actuó decididamente para remover las causas por las que protestaba el pueblo. Incluso sucedió que a veces quienes protestaban fueron castigados y alejados.[30]

Durante el tercer califato, Uzman permitió al gobierno de Damasco fortalecerse más que nunca, siendo su lider Muawiyah. En realidad, el centro de gravedad del califato, en lo que al poder político concierne, se estaba trasladando a Damasco, y la organización en Medina, capital del mundo islámico, no era más que una formalidad sin el poder y las condiciones necesarias para representarlo efectivamente.[31] El primer califa fue elegido por medio del voto de la mayoría de los compañeros, el segundo califa por voluntad y testamento del primero, y el tercero por un concilio de seis hombres cuyos miembros y normas de procedimiento fueron determinadas y organizadas por el segundo. En conjunto, la política de estos tres califas, que estuvieron en el poder durante 25 años, fue ejecutar y aplicar las leyes y principios islámicos en la sociedad de acuerdo con el iŷtihad y lo que le parecía más prudente en ese momento a los propios califas. En cuanto a las ciencias islámicas, la política de estos califas era leer y comprender el Sagrado Corán sin preocuparse por comentarlo o permitir que fuera materia de discusión. Los hadith del Santo Profeta (saww) eran recitados y transmitidos oralmente, sin ser escritos. La escritura estaba limitada al texto del Sagrado Corán y estaba prohibida respecto a los hadith.[32]

En la batalla de Yamanah que finalizó en el año 12 de la hégira lunar (633 de nuestra era), muchos que habían sido recitadores del Sagrado Corán y que lo conocían de memoria, encontraron la muerte. Con tal motivo Umar ibn al-Jattab propuso al primer califa reunir los versículos del Corán en forma escrita, diciendo que si fuese a haber otra guerra y el resto de los que lo sabían de memoria morían, el conocimiento del texto del Sagrado Corán desaparecería de entre los hombres. Por lo tanto, fue necesario reunir los versículos coránicos de manera escrita.[33] Esta decisión fuera tomada respecto al Sagrado Corán y no se prestaba la misma atención a los hadith del Santo Profeta (saww) a pesar del hecho de que enfrentaban el mismo peligro y no estaban libres de la corrupción en la transmisión oral, agregándose, sacándose, inventándose y olvidándose algo. Por el contrario, estaba prohibido poner los hadith por escrito y todas las versiones escritas encontradas fueron quemadas, como para enfatizar que solamente debía existir por escrito el texto del Libro Sagrado. En cuanto a las otras ciencias islámicas, durante este período hicieron pocos esfuerzos por propagarlas, siendo invertida la energía de la sociedad principalmente en el establecimiento del nuevo orden político social. A pesar de todas las alabanzas e incitaciones que se encuentran en el Sagrado Corán respecto al ilm (conocimiento), y el énfasis puesto sobre su cultivo, ese ardiente trabajo en las ciencias religiosas fue propuesto para un período posterior de la historia islámica. La mayoría de los hombres estaban ocupados con las notables y continuas victorias de los ejércitos islámicos y estaban entusiasmados por la corriente de inmensos botines que se dirigían desde toda dirección hacia la península arábiga. Con esta nueva riqueza y la mundanalidad que vino con ella, eran pocos los que deseaban dedicarse al cultivo de las ciencias de la Casa del Profeta, a cuya cabeza estaba ‘Ali (as), a quien el Santo Profeta (saww) había presentado al pueblo como el más versado en las ciencias islámicas. Al mismo tiempo, el sentido y propósito íntimo de las enseñanzas del Sagrado Corán eran negados por la mayoría de aquellos que se veían afectados por ese cambio. Es extraño que no fuera consultado y su nombre no fue mencionado entre aquellos que participaron en la tarea de reunir los versículos coránicos, aunque era bien conocido por todos que él había compilado todos los textos del Sagrado Corán después de la muerte del Santo Profeta (saww).[34]

Éstos y otros sucesos similares hicieron a los seguidores de ‘Ali (as) más firmes en su creencia y más conscientes del rumbo que se imponía frente a ellos. Aumentaron su actividad de día en día y el propio ‘Ali, que fue separado de la posibilidad de educar y enseñar al pueblo en general, se concentró en la preparación de una élite de manera reservada.

Durante este período de 25 años ‘Ali (as) vio morir a tres de sus cuatro amigos más queridos, quienes estaban entre el grupo de los compañeros (Salman al-Farsi, Abu Dharr al-Ghifari y Miqdad). Ellos habían permanecido constantes a su amistad en todas las circunstancias. Fue también en este período que algunos de los otros compañeros del Santo Profeta y un gran número de sus seguidores en Hiyaz, Yemen, Irak y otras tierras, se unieron a los seguidores de ‘Ali. A consecuencia de esto, después de la muerte del tercer califa el pueblo se volvió hacia el Imam por todas partes, le juraron fidelidad y lo eligieron califa.

El final del califato de ‘Ali Amir al-Mu’minin y su método

 El califato de ‘Ali (as) comenzó a fines del año 35 de la hégira lunar (656 de nuestra era) y duró alrededor de cuatro años y nueve meses. Durante su período como califa ‘Ali (as) siguió el camino del Santo Profeta (saww)[35] y llevó las condiciones generales a su estado original. Forzó la renuncia de todos los elementos políticos incompetentes que dirigían los asuntos públicos[36] y de hecho, fue un movimiento transformador que le produjo innumerables dificultades.

En su primer día como califa, en una disertación al pueblo, dijo ‘Ali (as): «Pueblo, sean conscientes de que las dificultades que enfrentaron durante el período de la misión del Profeta de Al-lâh nuevamente están sobre ustedes y les compromete. Vuestras jerarquías deben ser totalmente cambiadas, de modo que la gente virtuosa que cayó deberá pasar adelante, y quienes habían estado al frente sin méritos pasarán atrás. Existe la verdad y la falsedad. Cada una tiene sus seguidores. Pero la gente debe seguir la verdad. Si la falsedad prevalece, ello no es nada nuevo, y si la verdad aparece raramente y es difícil de obtener, a veces incluso lo que es poco común conquista la luz del día de modo que hay esperanza de progreso. Por supuesto, no ocurre a menudo que algo que se ha apartado del hombre retorne a él.»[37]

‘Ali (as) continuó su tipo de gobierno radicalmente distinto, basado más en la rectitud que en la eficacia política, pero, como es necesario en los casos de movimientos de este tipo, elementos de la oposición cuyos intereses fueron puestos en peligro comenzaron a demostrar su descontento y resistieron su gobierno. Basando sus acciones sobre la afirmación de que querían vengar la muerte del tercer califa, instigaron guerras sangrientas que continuaron a lo largo de casi todo el tiempo que ‘Ali (as) fue califa. Desde el punto de vista shiíe quienes causaron estas guerras civiles no tenían presente más que sus propios intereses personales. El deseo de vengar la sangre del tercer califa no era más que una excusa para engañar al pueblo. No había ninguna mala interpretación de los hechos en cuestión.[38]

La primera guerra, llamada la «Batalla del Camello», fue provocada por la desafortunada diferencia de clase creada durante el período de gobierno del segundo califa como resultado de las nuevas fuerzas socioeconómicas que llevaron a una distribución despareja del tesoro público entre los miembros de la comunidad. Cuando ‘Ali (as) fue elegido para el califato dividió el tesoro público de manera pareja[39] como había sido el método del Santo Profeta, pero esa práctica indispuso en gran medida a Talhah y Zubayr. Comenzaron a exhibir signos de desobediencia y abandonaron Medina hacia Meca con el alegado objetivo de cumplir con la Peregrinación. Persuadieron a Aishah, que no era íntima de ‘Ali (as), que se uniera con ellos, y, con el argumento de querer vengar la muerte del tercer califa, comenzaron la sangrienta batalla del Camello.[40]

Esto ocurrió a pesar que estas mismas personas, Talhah y Zubayr, estuvieron en Medina cuando el tercer califa fue asediado y asesinado pero nadie lo defendió.[41] Por otra parte, después de la muerte de éste fueron los primeros en jurar fidelidad a ‘Ali por cuenta de los muhayirun (emigrados) y por sí mismos.[42] Tampoco Aishah, exhibió ninguna oposición hacia quienes habían matado al tercer califa cuando recibió las noticias de su asesinato.[43] Se debe recordar que los principales instigadores de los disturbios que condujeron a la muerte del tercer califa fueron esos compañeros que mandaban cartas desde Medina a los pueblos cercanos y lejanos invitándolos a rebelarse contra el califa, un hecho que es repetido en muchas de las historias islámicas tempranas.

En cuanto a la segunda guerra, llamada la «Batalla de Siffin», que duró un año y medio, su causa fue la codicia de Muawiyah por el califato, que era para él un instrumento político mundanal antes que una institución religiosa. Pero a manera de excusa hizo de la venganza de la sangre del tercer califa la cuestión principal y comenzó una guerra en la que perecieron más de cien mil personas sin razón. Naturalmente, en estas guerras el agresor era Muawiyah antes que el defensor, porque la protesta por vengar la sangre de alguien nunca puede ocurrir de manera defensiva.

El pretexto de esta guerra fue vengar la sangre del tercer califa. Durante los últimos días de su vida, el tercer califa, con el objeto de sofocar el levantamiento en contra suya, le pidió ayuda a Muawiyah, pero el ejército de éste que fue enviado de Damasco a Medina intencionalmente esperó en la ruta sin entrar hasta que el califa fue asesinado. Después volvió a Damasco para comenzar un levantamiento para vengar la muerte del califa.[44]

Después de la muerte de ‘Ali (as), y de obtener Muawiyah el califato, éste se olvidó de vengar la muerte del tercer califa y no se preocupó más por la cuestión.

Después de Siffin tuvo lugar la batalla de Nahrawan en la que, una serie de personas, entre las que se encontraban algunos compañeros, se rebelaron contra ‘Ali (as), posiblemente por instigación de Muawiyah. Esta gente provocó la rebelión a lo largo de las tierras del Islam, asesinando musulmanes y especialmente a los seguidores de ‘Ali (as). Incluso atacaron a mujeres embarazadas y asesinaron a sus niños.[45]

‘Ali (as) terminó también con este levantamiento pero poco después fue asesinado en la mezquita de Kufa por uno de los miembros de ese grupo, que fue conocido como khawariy (jariyis).

Los beneficios que obtuvieron los shiíes en el califato de ‘Ali

 Durante los cuatro años y nueve meses de su califato, ‘Ali (as) no pudo culminar de eliminar las condiciones perturbadoras que prevalecían a lo largo del mundo islámico, pero fue exitoso en tres sentidos fundamentales:

  1. A consecuencia de su justa y correcta forma de vida dio a conocer nuevamente la belleza y perfección del modo de vida del Santo Profeta (saww), especialmente a las generaciones más jóvenes. En contraste con la fastuosidad de la corte de Muawiyah, vivió de una manera simple y sencilla, como la más pobre de las personas. Nunca favoreció a sus amigos o parientes por sobre otros, ni prefirió la riqueza a la pobreza o la fuerza bruta a la debilidad.
  2. A pesar de las engorrosas y arduas dificultades que le absorbían dejó a la comunidad islámica valiosos tesoros de los auténticos conocimientos divinos y de las disciplinas intelectuales islámicas. Los adversarios de ‘Ali (as) dijeron: Era un hombre valiente y no un hombre de política; debido a que él pudo gobernar al principio, con elementos de la oposición. Temporalmente en la reconciliación y la seguridad estaban satisfechos en total y con ello consolidó su dominio de los contrarios. Pero ignoraron el hecho de que el califato de ‘Ali era un movimiento transformador, y los movimientos de esta índole deben ser alcanzados en su avance aunque sean lejanos. Una situación similar se dio en la época del Santo Profeta (saww), los infieles y paganos le sugirieron al Imam repetidamente un compromiso y el Imam refutó a sus dioses no aceptando su invitación. No obstante, el Santo Profeta (saww) los rechazó a pesar de que pudo en esos días difíciles, ponerse en peligro en la consolidación de su posición, de esta manera se enfrentó contra los enemigos. Básicamente no se permite la dawa (invitación) islámica si no viven de una manera correcta, si morir bien o mal bajo una equivocación y muchos versículos en el Sagrado Corán hay en este sentido.[46] A pesar de ser adversarios de ‘Ali (as), en el camino a la victoria y alcanzar su objetivo de cualquier delito y violación a las leyes islámicas, no llegaron a descuidarse de las manchas y lavaron cada punto en nombre de estos compañeros y muŷtahids, pero ‘Ali se adhirió a la ley islámica.

De ‘Ali (as) han sido registrados aproximadamente once mil de sus proverbios y dichos sobre distintas cuestiones religiosas sociales e intelectuales.[47] En sus conversaciones y discursos expuso las más sublimes ciencias islámicas de la manera más elegante y fluida.[48] Estableció la gramática árabe y puso la base para la literatura árabe.[49] Fue el primero en ahondar directamente en las cuestiones falsafah-ilahi (metafísicas) combinando el rigor intelectual y la demostración lógica.[50] Discutió problemas que no se habían planteado antes de manera análoga entre los metafísicos del mundo. Además, estaba tan dedicado a la metafísica y a la gnosis que incluso en el ardor de la batalla pronunciaba discursos intelectuales y discutía cuestiones metafísicas.[51]

  1. Preparó a un gran número de estudiosos religiosos y sabios islámicos,[52] entre quienes se encuentran una serie de ascetas y místicos, como Uways al-Qarani, Kumayl ibn Ziyad, Maythan al-Tammar y Rashid al-Hayari. Estos hombres han sido reconocidos por los místicos aparecidos posteriormente como los fundadores de la gnosis en el Islam. Entre sus discípulos algunos se volvieron los primeros maestros de jurisprudencia, teología, comentario y recitación coránica y entre otros.

La transferencia del califato a Muawiyah y su transformación en una monarquía hereditaria

Después de la muerte de ‘Ali Amir al-Mu’minin (as), su hijo, Hasan ibn ‘Ali, quien es reconocido por el Shi’ah duodecimana imamí como el segundo Imam, se convirtió en Califa. Pero Muawiyah no se quedó quieto frente a este suceso. Marchó con su ejército hacia Irak, que era entonces la capital del califato y comenzó a agitar la guerra contra Hasan ibn ‘Ali.

A través de las distintas intrigas y el pago de grandes sumas de dinero, se pudo corromper gradualmente a los generales y ayudantes de Hasan ibn ‘Ali. Finalmente fue capaz de forzar a Hasan ibn ‘Ali que le cediera el califato para evitar el derramamiento de sangre y hacer la paz. Hasan ibn ‘Ali cedió el califato a Muawiyah con la condición de que le sería devuelto después de la muerte de Muawiyah y de que no haría ningún daño a sus seguidores.[53]

En el año 40 de la hégira lunar (661 de nuestra era) Muawiyah obtuvo el control del califato. Salió inmediatamente para Iraq y en su mensaje al pueblo de esa comarca dijo: «Yo no combato contra ustedes debido a las oraciones o al ayuno. Ustedes pueden cumplir con esos actos. Lo que yo quería era ser su gobernante y esto ya lo he logrado.» También dijo: «El acuerdo hecho con Hasan es nulo e inválido. Lo tengo bajo mis pies.»[54]

Muawiyah con esta declaración indicó que separaría la religión de la política y no daría ninguna garantía respecto a las obligaciones y regulaciones. Pondría todo su esfuerzo en mantener con vida su propio poder, cualquiera fuera el costo. Obviamente, esto es un sultanato y no un califato y sucesión del Profeta de Al-lâh. Es por esto que algunos que fueron admitidos en su corte se dirigían a él como monarca.[55] Él mismo interpretaba en algunas reuniones privadas de su gobierno como un rey,[56] mientras que en público siempre se presentaba como el califa.

Naturalmente, cualquier monarquía se basa sobre la fuerza, la que lleva con ella inherentemente el principio hereditario. Finalmente Muawiyah también confirmó esto eligiendo a su hijo Yazid, quien era un joven descuidado sin la menos inclinación a la piedad religiosa como príncipe heredero y su sucesor.[57] Este acto iba a ser la causa de muchos sucesos lamentables en el futuro.

Muawiyah había indicado previamente que rechazaría permitir a Hasan (as) que lo sucediera como califa y que tenía otras ideas en mente. Por lo tanto provocó que Hasan (as) fuera asesinado por envenenamiento,[58] preparando así el camino para su hijo Yazid. Muawiyah dejó claro que nunca permitiría a los seguidores de Ahlul-Bayt vivir de manera pacífica en un medio ambiente seguro, dejándole continuar su actividad religiosa anterior, significando que ponía en acción esta idea.[59]

Se dice que fue tan lejos como para declarar que quienquiera que transmitiese un hadith en alabanza de las virtudes de los Ahlul-Bayt, no tendría inmunidad alguna o protección respecto a su vida, negocios o propiedades.[60] Al mismo tiempo ordenó que quienquiera que recitase un hadith en alabanza de otros compañeros o califas fuera premiado ampliamente. A consecuencia de esto fueron registrados un notable número de hadices alabando a los compañeros, algunos de los cuales son de dudosa autenticidad.[61] Ordenó que fueran hechos comentarios peyorativos sobre ‘Ali (as) desde los púlpitos de las mezquitas en todas las tierras del Islam (esta orden estuvo en vigencia más o menos hasta el califato de Umar ibn Abdul-Aziz, que fue cuando se dejó sin efecto). Con la ayuda de sus agentes y tenientes, Muawiyah hizo que la élite y los más sobresalientes entre los seguidores de ‘Ali (as) fueran condenados a muerte y las cabezas de algunos de ellos llevadas en las puntas de las lanzas a lo largo de distintas ciudades. La mayoría de los seguidores fueron forzados a repudiar e incluso a maldecir a ‘Ali y a expresar su menosprecio hacia él. Si rechazaban hacerlo, eran condenados a muerte.[62]

Los días más difíciles para los shiíes

 El período más difícil para el shiísmo fueron los veinte años del gobierno de Muawiyah, durante el cual los shiíes no tuvieron ninguna protección y la mayoría de ellos eran considerados como personas buscadas y bajo sospecha y perseguidos hasta ser tomados por el estado. Dos de los guías shiíes, Imam Hasan e Imam Husayn que vivieron en esa época, no poseían ningún medio para cambiar las circunstancias negativas e injustas en que vivían. Incluso el tercer Imam shiíe (Husayn), que en seis meses del primer sultanato de Yazid, se levantó junto a sus seguidores e hijos fue masacrado. Durante los diez años del califato de Muawiyah no tuvo ninguna posibilidad de liberarse de la persecución.

La mayoría en el sunnismo explican como disculpables las acciones arbitrarias, injustas e irresponsables llevadas a cabo en la época de Muawiyah por sus lugartenientes y compañeros. Estos compañeros razonan que, de acuerdo a ciertos hadith del Santo Profeta (saww) todos los compañeros podían practicar iytihad, estaban excusados por Al-lâh de los pecados cometidos y que estaba satisfecho con ellos y les perdonaba los errores que pudieron cometer. Sin embargo, la Shi’ah no aceptan este argumento por dos razones:

Primero: No es concebible que un líder de la comunidad como el Santo Profeta (saww) fuese a levantarse con el objeto de revivificar la verdad, la justicia y la libertad, y para persuadir a un grupo de personas a que acepten sus creencias -un grupo cuyos miembros habían sacrificado su propia existencia en función de cumplir ese objetivo sagrado- y luego, tan pronto como es alcanzado dicho objetivo permita a sus ayudantes y compañeros hacer con las libertades sagradas lo que se les ocurra. No es posible creer que se hubiese perdonado a los compañeros por cualquier acción incorrecta que pudieran haber cometido. Tal indiferencia al tipo de acción realizada por ellos solamente habría destruido la estructura con los mismos medios que se había usado para construirla.

Segundo: Aquellos dichos que describen a los compañeros como sagrados y perdonables por adelantado por cualquier acto que pudieran realizar, aunque fuera ilegal e inadmisible, lo más probable es que fueron fabricados. La autenticidad de los mismos no ha sido totalmente establecida por medio de los métodos tradicionales. Además, se sabe históricamente que los compañeros no se comportaban entre ellos como si fuesen sagrados y estuviesen perdonados de antemano por todos sus pecados y errores.

Por lo tanto, juzgando incluso por la manera en que los compañeros actuaron y se comportaron entre ellos, se puede concluir que tales dichos no pueden ser literalmente ciertos en la manera como algunos los han entendido. Si contienen un aspecto de verdad, el mismo está indicando que los compañeros son legalmente inviolables y que gozaban de la santificación en general.

La expresión de la satisfacción de Al-lâh con los compañeros en el Libro debido a los servicios que han prestado por obedecer sus órdenes, se refiere a sus acciones pasadas, y a la satisfacción de Al-lâh con ellos en el pasado,[63] no por cualquier acción que cada uno de ellos realizara en el devenir.

El establecimiento del sultanato de los Bani Ummayah

 Muawiyah murió el año 60 de la hégira lunar (680 de nuestra era) y su hijo Yazid se convirtió en califa como resultado de la fidelidad que su padre había obtenido de poderosos líderes militares y políticos de la comunidad.

En los documentos históricos se puede ver claramente que Yazid no tenía una personalidad religiosa, incluso mientras vivía su padre dejaba a un lado los principios y mandatos del Islam. En esa época su único interés era el libertinaje y la frivolidad. Durante sus tres años de gobierno fue causa de calamidades que no tuvieron precedentes en la historia del Islam, a pesar de todas las disputas ocurridas antes.

Durante el primer año del gobierno de Yazid, el Imam Husayn ibn ‘Ali (as), nieto del Santo Profeta (saww), fue masacrado de la manera más atroz junto con sus hijos, parientes y amigos. Incluso se hizo exhibir en distintas ciudades los cuerpos y cabezas de mujeres y niños asesinados pertenecientes a los Ahlul-Bayt.[64] Durante el segundo año, ordenó una masacre general en Medina , y dio libertad a sus soldados por tres días para matar, saquear y tomar las mujeres de la ciudad.[65] Durante el tercer año destruyó y quemó la sagrada Ka’bah.[66] Siguiendo a Yazid, la familia de Marwan de los Omeyas obtuvo la posesión del califato, de acuerdo a detalles que están registrados en los libros de historia. El gobierno de este grupo de once miembros, que duró aproximadamente setenta años, fue exitoso desde el punto de vista político, pero desde el punto de vista religioso fracasó en lo que respecta a las prácticas del Islam. La sociedad islámica fue dominada solamente por los elementos árabes y los no árabes quedaron subordinados a aquellos. En realidad fue creado un fuerte imperio árabe que se dio a sí mismo el nombre de califato islámico. Durante este período algunos de los califas fueron indiferentes a los sentimientos religiosos, al punto que uno de ellos quien era el califa y sucesor (Walid ibn Yazid) del Santo Profeta (saww) y considerado como el protector de la religión decidió construir una habitación sobre la Ka’bah de modo de poder tener un lugar para gozar y divertirse durante la peregrinación anual.[67]

Incluso se relata que uno de estos califas (Walid ibn Yazid) hizo del Sagrado Corán un blanco para sus flechas, y en un poema compuesto sobre el Sagrado Corán decía: «El Día de la Resurrección cuando aparezcas ante Al-lâh, le diré, “el califa me desgarró”»[68]

Naturalmente los shiíes, cuyas diferencias básicas con los sunnis estaban en las dos cuestiones referidas al califato islámico y a la autoridad religiosa, y estaban pasando por días amargos y difíciles en ese período oscuro. No obstante, a pesar de las actitudes irresponsables e injustas del gobierno de esa época, el ascetismo y la pureza de los guías de Ahlul-Bayt dio a los shiíes cada vez más determinación en mantener firmes sus principios. De importancia particular fue la trágica muerte de Husayn, el tercer Imam, que jugó un gran papel en la expansión del shiísmo, especialmente en regiones apartadas del centro del califato, como Irak, Yemen y Persia.

Esto se puede apreciar a través del hecho de que durante el período del imamato del quinto Imam (Muhammad al-Baqir) aún en el primer siglo de la hégira y tras cuarenta años desde el martirio del tercer Imam, los shiíes aprovecharon las diferencias y debilidades internas del gobierno Omeya y comenzaron a organizarse por sí mismos, congregándose en torno al quinto Imam. Los shiíes venían como un torrente desde todas partes a su casa para coleccionar hadith y aprender el conocimiento religioso. El primer siglo de la hégira no había aún finalizado cuando unas pocas personas que tuvieron influencia en el gobierno se establecieron en la ciudad persa de Qum en Irán y la hicieron un poblado shiíe.[69] Pero incluso en esa época la shi’ah seguía viviendo principalmente oculta, practicando en secreto su vida religiosa sin manifestaciones externas.

En varias oportunidades los sadat alawi (descendientes del Profeta) se rebelaron contra los gobiernos injustos, pero en cada oportunidad eran derrotados y generalmente perdían sus vidas. El severo e inescrupuloso gobierno de la época no se ahorró ningún medio para aplastarlos. El cuerpo de Zayd, guía del shiísmo zaydi, fue sacado de su tumba y colgado. Después de permanecer tres días en la horca fue bajado y quemado y sus cenizas arrojadas al viento.[70] Los shiíes afirman que el cuarto y quinto Imam fueron envenenados por los Omeyas, en tanto que el segundo y tercer Imam habían sido asesinados anteriormente por ellos mismos.[71]

Las calamidades provocadas por los omeyas fueron tan manifiestas que la mayoría sunni, aunque creía que debían obedecer a los califas, sintieron el tormento de sus conciencias religiosas y se vieron forzados a dividir a los califas en dos grupos. Pasaron a distinguir entre los julafa rashidun «califas guiados correctamente», que eran los cuatro primeros después de la muerte del Santo Profeta (saww): Abu Bakr, Umar, Uzman y ‘Ali, y el otro grupo de califas contrarios a los bien guiados, que empezaron con Muawiyah.

Los Omeyas provocaron tanto odio público como resultado de sus injusticias y descuidos durante sus gobiernos, que después de la derrota y muerte definitiva del último de sus califas, sus dos hijos y una cierta cantidad de personas de su familia encontraron grandes dificultades para escapar de la capital. Donde quiera que fuesen, nadie les daba refugio. Finalmente después de mucho deambular por los desiertos de Nubia, Abisinia y Bayawah, durante cuyo transcurso muchos murieron de hambre y sed, llegaron al sur del Yemen. Allí consiguieron los medios de viaje de entre la gente pidiendo ayuda económica yendo para la Meca vestidos como portadores. Por último, pudieron desaparecer entre la muchedumbre del pueblo.[72]

Los shiíes en el siglo II de la hégira lunar

Durante la última parte del primer tercio del siglo II de la hégira (siglo VIII de nuestra era), siguiendo a una serie de revoluciones y guerras sangrientas en todo el mundo islámico, que se debían a las injusticias, las represiones y las acciones erróneas de los Omeyas, comenzó un movimiento en nombre de los Ahlul-Bayt del Santo Profeta en el Jurasán iraní. La invitación al movimiento fue del general persa Abu Muslim Marwazi, quien se rebeló contra el gobierno omeya y avanzó con su causa paso a paso hasta que pudo derrotarlo.[73] Aunque este movimiento se originó con un profundo fundamento shiíe y tomó cuerpo con la afirmación de querer vengar la sangre de los Ahlul-Bayt, y aunque al pueblo se le pedía incluso que dieran su fidelidad secretamente a un guía miembro de los Ahlul-Bayt, ello no se presentaba directamente como consecuencia de las instrucciones de la Shi’ah. Esto se testimonia por el hecho de que cuando Abu Muslim ofreció el califato al sexto Imam de la Shi’ah imamí en Medina, lo rechazó por completo diciendo: «Tú no eres uno de mis hombres y este no es mi tiempo»[74]

Finalmente los abasidas se hicieron con el califato en nombre de los Ahlul-Bayt[75] y al comienzo se mostraron un tanto amables con el pueblo en general y con los alawi (descendientes del Profeta) en particular, hasta vengar en nombre de los mártires de los descendientes alawi, masacrando a los Omeyas, al grado de abrir sus tumbas y quemarlas donde fuera que las encontraban[76] pero enseguida empezaron a seguir los caminos injustos de los omeyas y no se abstuvieron de ninguna manera de las injusticias y las acciones irresponsables.

Abu Hanifah, el fundador de una de las cuatro madhhab (escuelas) del sunnismo, fue apresado y torturado.[77] Ibn Hanbal, el fundador de otra de las cuatro madhhab, fue azotado.[78] El sexto Imam de la Shi’ah imamí murió envenenado después de grandes torturas y sufrimientos.[79] Los descendientes del Profeta a veces fueron decapitados todos en grupo, quemados vivos, o incluso colocados dentro de las paredes de los edificios gubernamentales en construcción.

Harun, el califa abasida, durante cuyo reino el imperio islámico alcanzó el apogeo de su expansión y poder, ocasionalmente miraba el sol y se le dirigía en estas palabras: «Brilla en cualquier lado que desees, nunca serás capaz de dejar mi reino». Por una parte sus ejércitos estaban avanzando en el este y en el oeste, y por otra, a unos pocos pasos del palacio del califa y sin su conocimiento, los funcionarios habían decidido por su cuenta cobrar peaje a la gente que quería cruzar el puente de Bagdad. Incluso un día que el califa quiso cruzar el puente fue parado y se le pidió que pagase peaje.[80]

Un cantante, por cantar dos versos lascivos que incitaron las pasiones del califa abasida, Amin, fue premiado con tres millones de dirhams. Lleno de gozo el cantante se arrojó a los pies del califa diciendo: «Oh príncipe de los creyentes! ¿Me das todo este dinero?». El califa respondió: «No me importa. Recibimos este dinero de una parte desconocida del país».[81]

La sorprendente cantidad de riqueza que fluía anualmente desde todos los rincones del mundo islámico al tesoro público en la capital, ayudó a crear una atmósfera mundana y fastuosa. En realidad gran parte de ella era gastada a menudo para los placeres e inquietudes de los califas de turno. El número de bellas muchachas esclavas en la corte de algunos de los califas excedía a mil. Por medio de la disolución del gobierno Omeya y el establecimiento del abasida, la Shi’ah no se benefició de ninguna manera. Sus opositores injustos solamente cambiaron sus nombres.

Los shiíes en el siglo III de la hégira lunar

 Al comienzo del siglo III de la hégira (siglo IX de nuestra era), la Shi’ah fue capaz de tomar aliento una vez más. Esta condición más favorable fue primero: debido antes que nada al hecho de que muchos libros científicos y filosóficos fueron traducidos del griego, siríaco y otros idiomas al árabe, y mucha gente se instruía en las ciencias intelectuales y discursivas. Además, Mamun, el califa abasida (195-218 de la hégira / 813-833 de nuestra era), tenía inclinaciones del madhhab mutazilí, y puesto que en su visión religiosa favorecía la demostración racional, estuvo más propenso a dar completa libertad a la discusión y propagación de distintos puntos de vista religiosos. Los teólogos shiíes sacaron toda la ventaja posible de esta libertad y se esforzaron al máximo en mayores actividades de estudio y en propagar el madhhab de los Ahlul-Bayt.

Segundo: el abasida Mamun, siguiendo la demanda de las fuerzas políticas del momento, había hecho al octavo Imam de la Shi’ah imamí su sucesor, como se relata en las historias oficiales. En consecuencia, los descendientes del Profeta y sus seguidores de Ahlul-Bayt encontraron un cierto grado de libertad respecto a las presiones gubernamentales y en lo que hacía a sus personas. Pero no pasó mucho tiempo y una vez más el filo de la espada se volvió hacia los shiíes, y las prácticas olvidadas del pasado cayeron sobre ellos nuevamente. Este fue particularmente el caso en el tiempo del abasida Mutawakkil (232-247 de la hégira / 847-861 de nuestra era), quien tenía una especial enemistad hacia ‘Ali y sus shiíes. Por su orden fue completamente demolida la tumba del tercer Imam de la Shi’ah imamí en Karbalá.[82]

Los shiíes en el siglo IV de la hégira lunar

 En este siglo IV de la hégira (siglo X de nuestra era) volvieron a existir condiciones que ayudaron en gran medida a la expansión y fortalecimiento del shiísmo. Entre ellas se cuentan la debilidad que apareció en el gobierno y la administración central abasida, y el surgimiento de los gobernantes buyíes.

Los gobernantes buyíes, que eran shiíes, ejercían una gran influencia no sólo en las provincias persas sino también en la capital del califato en Bagdad, e incluso sobre el mismo califa. Esta nueva fuerza de proporciones considerables permitió a los shiíes sostenerse frente a sus oponentes, quienes antes habían tratado de aplastarlos apoyándose en el poder del califato. Esta situación también hizo posible de propagar abiertamente su madhhab.

Como lo registran los historiadores, durante este siglo la mayoría de la península árabe era shiíe con la excepción de algunas grandes ciudades. Incluso algunas de las mayores ciudades como Hayar, Oman y Sadah, eran shiíes. En la ciudad de Basora, que siempre ha sido el centro del sunnismo competiendo con la ciudad de Kufa, que era considerada un centro shiíta, apareció un grupo notable de shiíes. También en Trípoli, Nablus, Tiberias, Alepo, y Herat había muchos shiíes, mientras que en Ahwaz y la costa del Golfo Pérsico sobre la costa persa también había shiíes.[83]

Al comienzo de este siglo y después de muchos años de propagación de su misión religiosa en el norte de Persia, Nasir Utrush obtuvo el poder en Tabaristan y estableció un reino que continuó por varias generaciones después suyo. Antes de Utrush, había reinado durante muchos años en Tabaristan, Hasan ibn Zayd Alawi.[84]

También en ese período los Fatimíes, que eran ismailíes, conquistaron Egipto y organizaron un califato que duró más de dos siglos (296-527 de la hégira / 908-1171 de nuestra era).[85]

A menudo ocurrían disputas y luchas en las principales ciudades como Bagdad, Basora y Nishabur entre shiíes y sunnis, en algunas de las cuales obtuvieron el triunfo los primeros.

Los shiíes en el siglo IX de la hégira lunar

 Desde el siglo V hasta el final del siglo IX de la hégira lunar (siglos XI al XV de nuestra era) la Shi’ah continuó expandiéndose como lo había hecho en el siglo IV de la hégira (siglo X de nuestra era). Aparecieron muchos reyes y gobernantes shiíes en distintas partes del mundo islámico y el shiísmo se propagó.

Hacia fines del siglo V de la hégira (siglo XI de nuestra era) la actividad misionera del ismailismo echó raíz en el fuerte de Alamut y durante aproximadamente un siglo y medio los ismailíes vivieron una independencia completa en las regiones centrales de Persia.[86] También los Sadat Mirashi (descendientes del Profeta), gobernaron durante muchos años en Mazandaran.[87]

El Sha Khudabandah, conocido gobernante mongol, tomó el madhhab shiíe y sus descendientes gobernaron por muchos años en Persia y contribuyeron a la expansión del shiismo. También se debe mencionar a los reyes de las dinastías Aq Qoyunlu y Qara Qoyunlu, quienes gobernaron en Tabriz[88] y cuyos dominios se extendían hasta Fars y Kerman, como así también al gobierno fatimí que estaba gobernando Egipto.

Por supuesto, la libertad religiosa y la posibilidad de ejercer la potestad religiosa por parte de la población eran diferentes bajo distintos gobiernos. Por ejemplo, con la finalización del gobierno Fatimí y la llegada al poder de los Ayyubíes, la escena cambió completamente y la población shiíe de Egipto y Siria perdió su independencia religiosa. Muchos fueron asesinados durante este período simplemente bajo la acusación de pertenecer al shiísmo.[89]

Uno de ellos fue el Shahid Awwal (primer mártir) Muhammad ibn Muhammad Makki, una de las figuras más grandes en la jurisprudencia shiíe, quien fue asesinado en Damasco en el año 786 de la hégira lunar (1384 de nuestra era).[90] También fue asesinado en Aleppo el Shayj al-Ishraq Shihabuddin Suhrawardi, bajo la acusación de que estaba desarrollando la enseñanza filosófica.[91]

A lo largo de este siglo V, la Shi’ah fue creciendo desde el punto de vista numérico, aunque su facultad y libertad religiosa dependía de las condiciones locales y de los gobernantes del momento. Durante este período, de todos modos, el madhhab shiíe nunca pasó a ser la religión oficial de ningún estado islámico.

Los shiíes en el siglo X hasta el siglo XI de la hégira lunar

 En el año 906 de la hégira lunar (1500 de nuestra era), un joven de trece años de edad, quien era de la casa del Shayj Safi Ardibili (fallecido en el año 735 de la hégira / 1334 de nuestra era, que era uno de los maestros de una tariqa shiíe), comenzó una revuelta en Ardibil con trescientos dervishes, con el objetivo de establecer a Persia como un país independiente y poderoso. De esta manera comenzó la conquista del país y derrocó a los príncipes feudales locales. Después de una serie de sangrientas guerras con los gobernantes locales y también con los emperadores otomanos, consiguió transformar a Persia, parte por parte, en un país con el madhhab shiíe como religión oficial de su gobierno.[92] Después de la muerte de Shah Ismail Safaví, otros gobernantes de la silsilah safaví reinaron en Persia hasta el siglo XII de la hégira (siglo XVIII de nuestra era) y todos ellos reconocieron al madhhab Shi’ah Imamí como aprobado y establecido, continuando fortaleciendo su presencia en el mismo hasta la cumbre de su poder. Durante el reinado de Shah Abbas, fueron capaces de incrementar la expansión territorial y la población de Persia al doble de su actual medida (1384 de la hégira / 1964 de nuestra era).[93] En estos dos siglos y medio aproximadamente, la población shiíe se extendió en otras tierras islámicas, continuaron como antes y aumentaba solamente a través del crecimiento natural de la población.

Los shiíes en el siglo XII hasta el siglo XIV de la hégira lunar

 Durante los tres siglos pasados, el progreso del madhhab shiíe ha seguido su tasa de crecimiento natural como antes. Actualmente, durante la última parte del siglo XIV de la hégira lunar (siglo XX de nuestra era), el shiismo es reconocido como la religión oficial de Irán, y asimismo en el Yemen e Iraq la mayoría de la población es shiíe. Prácticamente en todas las tierras donde hay musulmanes se puede encontrar una cierta proporción de shiíes. Se ha dicho que en conjunto hay en el mundo unos cien millones de shiíes.

Notas

[1] La primera designación que había aparecido en vida del Enviado de Al-lâh fue shi’ah, y Salman, Abu Dharr, Miqdad y ‘Ammar fueron conocidos por este nombre. (Hadir al-‘Alam al-Islami, vol. I, pág. 188. El Cairo, 1352 de la hégira).

[2] «wa Andhir ‘Ashirataka al-Aqrabin» (Suratus-Shu’ara’ [26]: ayat 214).

[3] De acuerdo a este hadith, ‘Ali (as) dijo: «Yo, quien era el más joven de todos los sometidos soy su visir. El Profeta puso su mano alrededor de mi cuello y dijo: Este es mi hermano, heredero y sucesor. Deben obedecerle. La gente se rió y le dijeron a Abu Talib: Te ha ordenado que obedezcas a tu hijo.» (Tarikh al-Tabari, vol. II, pág. 321. El Cairo, 1357 de la hégira; Tarikh Abul-Fida, vol. I pág.116. El Cairo, 1325 de la hégira; al-Bidayah wan-Nihayah de Ibn al-Athir, vol. III, pág.39. El Cairo, 1358 de la hégira; Ghayat al-Maram de Bahrani, pág. 320. Teherán, 1272 de la hégira.

[4] Umm Salmah ha relatado que el Profeta dijo: «’Ali está siempre con la Verdad y el Corán, y la Verdad y el Corán están siempre con él, y hasta el Día de la Resurrección no se separarán uno del otro». Este hadith ha sido transmitido a través de quince vías en las fuentes sunnis y a través de once vías en las fuentes shiíes. Umm Salmah, Ibn Abbas, Abu Bakr, Aishah, ‘Ali (as), Abu Said Judri, Abu Layla y Abu Ayyub Ansari, están entre los transmisores (Ghayat al-Maram de Bahrani, págs. 539-540). El Profeta también ha dicho: «Al-lâh bendice a ‘Ali porque la Verdad está siempre con él». (Al-Bidayah wan-Nihayah, vol. VII, pág. 36).

[5] El Profeta dijo: «El conocimiento ha sido dividido en diez partes. Nueve partes se dan a ‘Ali y una parte se divide entre todo el pueblo». (Al-Bidayah wan-Nihayah, vol. VII pág. 359). Salman al-Farsi ha transmitido este dicho del Profeta: «Después de mí, el más sabio de los hombres es ‘Ali» (Ghayat al-Maram pág. 528). Ibn Abbas comunicó que el Profeta dijo: «’Ali es el más competente entre la gente» (Del libro Fadail al-Sahabah, mencionado en Ghayat al-Maram, pág. 528). Umar acostumbraba decir: «Quiera Al-lâh no afligirme nunca con una tarea difícil sin que esté ‘Ali presente» (Al-Bidayah wan-Nihayah, vol VII pág. 359).

 [6] Cuando los infieles de la Meca decidieron matar al Profeta (saww) y cercaron su casa, decidió emigrar a Medina y le dijo a ‘Ali: «Dormirás en mi cama esta noche de modo que piensen que estoy durmiendo, asegurándome así de no ser perseguido por ellos». ‘Ali aceptó esta peligrosa designación con los brazos abiertos. La emigración de Meca a Medina marca la fecha inicial del calendario islámico, conocido como la ‘Hégira’.

[7] Esto ha sido relatado en distintas historias y colecciones de hadith.

[8] El hadith de Ghadir en sus distintas versiones es uno de los establecidos claramente tanto entre los sunnis como los shiíes. Más de cien compañeros lo han relatado con distintas cadenas de transmisores y expresiones, y ha sido registrado en muchos libros. Para detalles dirigirse a Ghayat al-Maram, pág. 79; Abaqat de Musawi, Volumen sobre Ghadir. India, 1317 de la hégira; y al-Ghadir de Amini. Nayaf, 1372 de la hégira.

[9] Tarikh Yaqubi, vol. II, págs. 137 y 140. Nayaf, 1358 de la hégira; Tarikh Abil-Fida, vol. I, pág. 156; Sahih Bujari, vol. IV, pág. 107. El Cairo, 1315 de la hégira; Muruj al-Dhahad de Masudi, Vol. II pg. 437. El Cairo, 1367 de la hégira; Ibn Abi al-Jadid, vol. I, págs. 127 y 161.

[10] Sahih Muslim, vol. XV pág. 176; Sahih Bujari, vol. IV pág. 207; Muruj al-Dhahab, vol. II pág. 23 y vol. III pág. 437; Tarikh Abil-Fida, vol. I, págs. 127 y 181.

[11] Dice Yabir: Estábamos en presencia del Profeta cuando llegó ‘Ali desde lejos. El Profeta dijo: «Juro por Él que tiene mi vida en Sus manos, esta persona y sus shi’ah tendrán la salvación en el Día de la Resurrección». Dice Ibn Abbas que cuando fue revelado el versículo: «En cambio, los que crean y obren bien, ésos son lo mejor de la creación (Suratul-Bayyinat [98]: ayat 7), el Profeta le dijo a ‘Ali: Este versículo es para ti y tus shi’ah, quienes serán felices el Día de la Resurrección y Al-lâh también estará satisfecho contigo». Estos dos hadith y varios otros están registrados en el libro al-Durr al-Manzur de Suyuti, vol. VI, pg. 379. El Cairo, 1313 de la hégira, y Ghayat al-Maram, pág. 326.

[12] Mientras sufría por la enfermedad que le llevó a la muerte, Muhammad (saww) organizó un ejército bajo las órdenes de Usamah Ibn Zayd e insistió en que todos participasen en esa guerra y salieran de Medina. Una serie de compañeros  desobedecieron al Santo Profeta (saww), incluídos Abu Bakr y Umar y esto lo perturbó mucho. (Sharh Ibn Abil-Hadid, vol. I pág. 53. El Cairo, 1329 de la hégira). En el momento de su muerte el Santo Profeta (saww) dijo: «Preparen tinta y papel que dejaré una carta escrita para ustedes, la que les servirá de guía y les evitará del desvío». Umar, que eludió esta acción, dijo: «Su enfermedad lo trastocó y está delirando». (Tarikh Tabari, vol. II, pág. 436; Sahih Bujari, vol. III; Sahih Muslim, vol. V. El Cairo, 1349 de la hégira; al-Bidayah wa’n-Nihayah, vol. V, pág. 227; Ibn Abil- Hadid, vol. I pág. 133). Una situación similar ocurrió durante la enfermedad del primer califa que le condujo a la muerte. En su última voluntad el califa eligió a Umar e incluso se desmayó, pero Umar no dijo nada y el primer califa escribió y lo renombró estando inconsciente, mientras el Santo Profeta (saww) estaba completamente consciente cuando les pidió poner por escrito para la guía de los compañeros. (Rawdat al-Safa, de Mir Jwand, vol. II, pág. 260. Lucknow, 1332 de la hégira).

[13] Sharh Ibn Abil Hadid, vol. I págs. 58, 123-135; Tarikh Yaqubi, vol. II, pág, 102; Tarikh Tabari, vol. II págs. 445-460.

[14] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 103-106; Tarikhi Abil-Fida, vol. I, págs. 156 y 166; Muruj al-Dhahab, vol. II págs. 307 y 352; Sharh Ibn Abil-Hadid”, vol I págs. 17 y 134.

[15] Umar Ibn Hariz dijo a Said Ibn Zayd: «¿Alguien se opuso a prometerle obediencia a Abu Bakr?», Zaid respondió: «Nadie se opuso, excepto aquellos que se volvieron apóstatas o estaban por serlo». (Tarikh Tabari, vol. II, pág. 447).

[16] En el conocido hadith zaqalayn, el Profeta dijo: «Dejo dos cosas de valor en medio de vosotros, en la confianza que si las sigue, nunca se extraviarán: el Sagrado Corán y los Ahlul-Bayt. Ellos nunca se separarán hasta el Día de la Resurrección». Este hadith ha sido transmitido a través de una cantidad que sobrepasa las cien vías, por más de 35 compañeros del Santo Profeta (saww). Ghayat al-Maram, pág. 211. El Profeta dijo: «Yo soy la ciudad del conocimiento y ‘Ali es su puerta. Por lo tanto quienquiera que busque el conocimiento debe entrar a través de su puerta» (al-Bidayah wan-Nihayah, vol. VII, pág. 359).

[17] Tarikh Yaqubi, vol. II, págs. 105-150, donde se menciona a menudo.

[18] El Libro de Al-lah y los dichos del Santo Profeta (saww) y de los Imames de Ahlul-Bayt están llenos de exhortaciones y aliento para la adquisición del conocimiento, a tal punto que el Santo Profeta dice: «Buscar el conocimiento es de la incumbencia de todo musulmán» (Bihar al-Anwar de Maylisi, vol. I, pág. 172. Teherán, 1315 de la hégira).

[19] Al-Bidayah wan-Nihayah, vol. VII, pág. 360.

[20] Tarikh Yaqubi, págs. 111, 126 y 129.

[21] Al-lâh Altísimo dice en su palabra: « Y en verdad, es una Escritura excelente,  a la que no alcanzará jamás la falsedad. Desciende gradualmente del Uno quien es sabio, digno de alabanza» (Suratu Fussilat [41]: ayats 41-42). Y dice Al-lâh: «La decisión pertenece sólo a Al-lâh» (Suratul-An’am [6]: ayat 57 y Suratu Yusuf [12]: ayats 40 y 67) lo que significa que la shari’ah es solamente la shari’ah y mandatos de Al-lâh, la cual debe alcanzar o llegar al hombre a través de la profecía. Y Él dice: « (Muhammad) es el Enviado de Al-lâh y el sello de los Profetas» (Suratul-Ahzab [33]: ayat 40). Y dice también: «Quienes no decidan según lo que Al-lâh ha revelado, ésos son los infieles» (Suratul-Ma’ida [5]: ayat 44).

[22] Tarikh Yaqubi, vol. II pág. 110; Tarikh Abil-Fida, vol. I. pág. 158.

[23] Al-Durr al-Manzur” vol. III pág. 186; Tarikh Yaqubi, vol. III, pág. 48. Además de aquí, la necesidad de que el jums ha sido mencionado en el Sagrado Corán: «Sabed que, si obtenéis algún botín, un jums (quinto de parte) corresponde a Al-lâh, al Enviado y a su familia…» (Suratul-Anfal [8]: ayat 41).

[24] Durante su califato Abu Bakr reunió 500 hadith. Aishah relata: «Una noche vi a mi padre preocupado hasta la mañana. A la mañana me dijo: tráeme los hadith. Los tomó y los echó todos al fuego». (Kanz al-Ummal de Ala al-Din Muttaqi, vol. V, pág. 237. Hyderabad, 1364-75 de la hégira). Umar escribió a todas las ciudades diciendo que quienquiera que tuviera un hadith debía destruirlo. (Kanz al-Ummal, vol. V pág. 237). Muhammad Ibn Abi Bakr dice: «Durante la época de Umar aumentaron los hadith, cuando se los llevaron ordenó quemarlos» (Tabaqat Ibn Sad, vol. V, pág. 140. Beirut, 1376 de la hégira).

[25] Tarij Abil-Fida, vol.I, pág. 151 y otras fuentes similares.

[26] La ‘umrah fue prohibida por Umar durante su califato, por medio de un decreto que decía que los transgresores debían ser lapidados. Y esto fue así a pesar del hecho de que durante la peregrinación de la despedida, fue revelada al Santo Profeta (saww): «Completad el Haŷŷ y la ‘Umra por Al-lâh» (Suratul-Baqara [2]: ayat 196) como una forma especial que podría ser cumplida por los peregrinos que venían de muy lejos. También, en vida del Profeta de Al-lâh fue practicado la mut’ah, pero Umar lo prohibió. E incluso, aunque en vida del Santo Profeta estuvo la práctica de recitar en el adhan (llamada a la oración) «hayya ala jayr al-amal», Umar ordenó que esta sentencia fuera omitida porque dijo que impedía o desanimaba a la gente de practicar en la yihad (guerra santa). También hubo agregados a la shari’ah: en vida del Santo Profeta (saww) un divorcio solamente era válido si se hacían tres declaraciones de separación «Yo me divorcio de ti» en tres ocasiones distintas, pero Umar permitió que las tres declaraciones se hicieran en un mismo momento. Fuertes penas eran impuestas a quienes rompían algunas de estas nuevas regulaciones, como ser la lapidación en caso de casamiento temporario (Tarikh Yaqubi vol. II, pág. 131; Tarikh Abil-Fida, vol. I pág. 160).

[27] Usd al-Ghabah de Ibn Azir, vol. IV pág. 386. El Cairo, 1280 de la hégira; al-Isabah de Ibn Hajar Asqalani, vol. III. El Cairo, 1323 de la hégira.

[28] Tarikh Yaqubi, vol. II pág. 150; Tarikh Abil-Fida, vol. I, pág. 168; Tarikh Tabari, vol. III, pág. 377; etc.

[29] Tarikh Yaqubi, vol. II pág. 150; Tarikh Tabari, vol. III pág. 397.

[30] Un incidente que sucedió en Egipto ilustra la naturaleza del gobierno del tercer califa. Un grupo de musulmanes se rebeló en Egipto contra Uzman. Este percibió el peligro y le pidió ayuda a ‘Ali (as) expresando un sentimiento de contrición. Ali (as) le dijo a los egipcios: «Ustedes se han rebelado con el objeto de hacer seguir la verdad y la justicia. Uzman se ha arrepentido y dijo: Cambiaré mi comportamiento y en tres días cumpliré sus deseos. Sacaré a los gobernantes opresores de sus puestos.» ‘Ali (as) redactó entonces un acuerdo con ellos por cuenta de Uzman y se volvieron a sus casas. En el camino vieron que el esclavo de Uzman conducía su camello en dirección a Egipto. Le sospecharon algo y fueron a averiguar. Le encontraron una carta para el gobernador de Egipto que decía: «En el nombre de Al-lâh. Cuando Abdul-Rahman ibn Addis llegue a tí, hazle aplicar cien latigazos, rapa su cabeza y barba y condénale a un largo encarcelamiento. Haz lo mismo en los casos de Amr ibn al-Hamq, Suda ibn Hamran y Urwah ibn Niba». Los egipcios tomaron la carta y se volvieron encolerizados donde Uzman, diciendo: « ¡Nos has traicionado!». Uzman desconoció la carta. El grupo le dijo: «Tu esclavo era quien la llevaba». Uzman respondió: «Ha realizado este acto sin mi permiso». Entonces le dijeron: «Él montaba tu camello». Respondió Uzman: «Me han robado el camello». Le respondieron: «La carta está escrita por tu secretario». Respondió Uzman: «Ha sido hecha sin mi permiso y conocimiento». Le dijeron: «En cualquier caso no eres competente para ser califa y debes renunciar, porque si eso ha sido hecho con tu permiso eres un traidor, y si una cuestión tan importante sucedió sin tu permiso y conocimiento, entonces está probada tu incapacidad e incompetencia. De todas maneras, renuncia o destituye a los funcionarios opresores de sus puestos inmediatamente». Uzman respondió: «Si quisiera actuar de acuerdo a vuestra voluntad, entonces sois vosotros los gobernantes. ¿Cuál es mi función entonces?». El grupo se puso de pie y abandonó la reunión encolerizados. Tarikh Tabari, vol. III, págs. 402-409; Tarikh Yaqubi, vol. II, págs. 150-151.

[31] Tarikh Tabari, vol. III, pág. 377.

[32] Sahih Bujari, vol. VI, pág. 89; Tarikh Yaqubi, Vol. II. Pág 113.

[33] Tarikh Yaqubi, vol. II. pág. 111; Tarikh Tabari, vol. III. Págs. 129-132.

[34] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 113; Shahr Ibn Abil-Hadid”, vol. I, pág. 9: Se ha relatado en muchas tradiciones que después de recibir el juramento de fidelidad de la comunidad, Abu Bakr mandó a alguien donde ‘Ali y le pidió su adhesión. ‘Ali dijo: «He prometido no dejar mi casa, excepto para las oraciones diarias, hasta que compile el Sagrado Corán». Y se ha mencionado que ‘Ali dio su juramento de fidelidad a Abu Bakr después de seis meses. Esto es una prueba por sí misma de que ‘Ali había terminado de compilar el Sagrado Corán. Asimismo, se ha relatado que después de compilar el Sagrado Corán colocó las páginas del Libro Sagrado sobre un camello y las mostró al pueblo. También se relata que la batalla de Yamanah, después de la cual fue compilado el Sagrado Corán, sucedió durante el segundo año del califato de Abu Bakr. Estos hechos han sido mencionados en la mayoría de los trabajos históricos y en los hadith que se ocupan de la compilación del Sagrado Corán.

[35] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 154.

[36] Tarikh Yaqubi”, Vol. II, pág. 155; Muruj al-Dhahab, vol. II pág. 364.

[37] Nahyul-Balaga, jutbah (sermón) nº 15.

[38] Después de la muerte del Santo Profeta (saww), una pequeña minoría, siguiendo a ‘Ali (as), rechazó prestar fidelidad al primer califa. Al frente de esta minoría estaban Salman, Abu Dharr, Miqdad y ‘Ammar. Al comienzo del califato de ‘Ali (as), también una regular minoría en desavenencia rechazó darle su juramento de fidelidad. Entre los oponentes más persistentes estaban Said ibn Ass, Walid ibn Uqbah, Marwan ibn Hakam, ‘Amr ibn Ass, Busr ibn Artat, Samurah ibn Yundab y Mughirah ibn Shubah. El estudio de la biografía de estos dos grupos, la meditación sobre los actos que han realizado y las historias relatadas de los mismos en los libros, revela completamente la personalidad religiosa y objetiva de cada uno de ellos. Los del primer grupo estuvieron entre la élite de los compañeros del Santo Profeta y entre los ascetas, fieles y generosos devotos, entregados al Islam, quienes combatieron en el camino de la libertad islámica. Eran especialmente amados por el Santo Profeta (saww). El Profeta dijo: «Al-lâh me ha informado que ama a cuatro hombres y que yo también debería amarlos». Le preguntaron el nombre de ellos. El profeta mencionó a ‘Ali, Abu Dharr, Salman y Miqdad (Sunan ibn Mayah, vol. I, pág. 66. El Cairo, 1372 de la hégira). Aishah ha relatado que el Profeta de Al-lâh dijo: «Si frente a ‘Ammar se ponen dos alternativas, elegirá decididamente la más cierta y correcta» (Sunan ibn Mayah, vol. I, pág. 66). El Profeta dijo: «No hay nadie entre el cielo y la tierra más veraz que Abu Dharr» (Sunan ibn Mayah, vol. I, pág. 68). No hay ni un solo registro de un acto ilícito cometido por estos hombres durante su vida. Nunca derramaron una sola gota de sangre injustamente, no agredieron a nadie, no robaron la propiedad de nadie y nunca buscaron corromper y extraviar al pueblo. Sin embargo, la historia está llena de relatos de actos indignos cometidos por algunas personas del segundo grupo. Distintos actos cometidos por algunos de ellos en oposición a las enseñanzas islámicas explícitas, son incontables. Estos actos no pueden ser excusables de ninguna manera, excepto como lo hacen ciertos grupos sunnis que dicen que Al-lâh estaba satisfecho con ellos y por lo tanto tenían la libertad de hacer lo que quisieran, ya que no serán castigados por violar los mandatos y regulaciones existentes en el Libro y la Sunnah.

[39] Muruj al-Dhahab”, vol. II, pág. 362; Nahyul-Balaga, jutbah nº 122; Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 160; Shahr ibn Abil-Hadid, vol. I, pág. 180.

[40] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 156; Tarikh Abul-Fida, vol. I pág. 172, Muruj al-Dhahab, vol. II, pág. 366.

[41] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 152.

[42] Tarikh Yaqubi, vol. II pág. 154; Tarikh Abul-Fida, vol. I, pág. 171.

[43] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 152.

[44] Cuando Uthman estaba rodeado por quienes se habían rebelado, escribió a Muawiyah pidiéndole ayuda. Éste preparó un ejército de doce mil hombres y los envió a Medina. Pero le dijo que acampase alrededor de Damasco, cosa que llegó a oídos de Uthman. Éste le hizo saber a Muawiyah: «Has hecho que tu ejército se detenga con el propósito de que yo sea asesinado. Después harás del derramamiento de mi sangre una excusa para sublevarte» (Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 152; Muruj al-Dhahab, vol. III pág. 25; Tarikh Tabari, pg. 402).

[45] Muruj al-Dhahab, vol. II. pág. 415.

[46] «Los notables se fueron diciendo: Marchaos y defended a vuestros dioses» (Suratu Sad [38]: ayat 6); «Si no te hubiésemos fortalecido habrías podido inclinarte algo hacia ellos» (Suratul-Isra’ [17]: ayat 74); «Ellos quisieran que tú dieses señales de tolerancia con ellos y así ellos darían señales de tolerancia contigo» (Suratul-Qalam [68]: ayat 9) y también podemos encontrar en los comentarios tradicionales.

[47] Kitab al-Ghurar wal-Durar de Amidi, Sidon, 1349 de la hégira. También en los hadith completos.

[48] Muruj al-Dhahab, vol. II pág. 431; Shahr ibn Abil-Hadid, vol. 1, pág. 181.

[49] Trabajos como Nahw (Gramática), vol. II de Suyuti, Teherán, 1281 de la hégira; Shahr ibn Abil-Hadid, vol. 1 pág. 6.

[50] Ver Nahyul-Balagah.

[51] En medio del combate en la «Batalla de Yamal», un beduino le preguntó a ‘Ali (as): «Oh, Comandante de los Creyentes! ¿Dices tú que Allah es Uno?». Como el ataque se producía desde todos los ángulos, algunos amigos le dijeron: «No ves que ‘Ali es acosado y su mente está muy ocupada con diversas cuestiones? Por qué te metes a discutir con él». ‘Ali (as) dijo a sus compañeros: «Déjenlo. Al combatir con esta gente lo que persigo es clarificar las doctrinas verdaderas y los fines de la religión». Luego se puso a responder al beduino (Bihar al-Anwar, vol. II, pág. 65).

[52] Shahr ibn Abil-Hadid, vol. I, págs. 6-9.

[53] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 191 y otras historias.

[54] Sharh ibn Abil-Hadid, vol. IV, pág. 160; Tarikh Tabari, vol. IV, pág. 124; Tarikh ibn Athir, vol. III, pág. 203.

[55] Tarikh Yaqubi, vol. II. Pág. 193.

[56] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 202.

[57] Yazid era una persona licenciosa y lujuriosa. Siempre bebía y vestía seda, y ropas indecorosas. Sus fiestas nocturnas se hacían con música y vino. Tenía un perro y un mono que siempre estaban con él como compañeros y distracción. Su mono se llamaba “Abu Qays”. Le vestía con bellos atavíos y le hacía participar en sus fiestas donde se bebía. A veces lo montaba sobre un caballo y le hacía correr (Tarikh Yaqubi, vol. II pág. 196; Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 77).

[58] Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 5; Tarikh Abul-Fida, vol. I, pág. 183.

[59] al-Nasaih al-Kafiyah, pág. 72, tomado del Kitab al-Ahdath.

[60] al-Nasaih al-Kafiyah, Compilación de Muhammad ibn Aqil, págs. 87 y 194. Nayaf 1386 de la hégira lunar.

[61] al-Nasaih al-Kafiyah, págs. 72 y 73.

[62] al-Nasaih al-Kafiyah, págs. 58, 64, 77-78.

[63] «De la vanguardia de los primeros muhayirun wa ansar (emigrantes y auxiliares) y de quienes les siguieron en hacer el bien, Al-lâh está satisfecho y ellos están satisfechos de Él» (Suratut-Tawbah [9]: ayat 100).

[64] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 216; Tarikh Abil-Fida, vol.I, pág. 190; Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 64 y otras historias.

[65] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 243, Tarikh Abil-Fida, vol. I, pág. 192; Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 78.

[66] Tarikh Yaqubi, vol. II, pág. 224, Tarikh Abil-Fida, vol. I, pág. 192; Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 81.

[67] Tarikh Yaqubi, vol. III, pág. 73.

[68] Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 216.

[69] Muyam al-Buldan, “Qom”.Yaqut Hamawi, Beirut, 1957.

[70] Muruj al-Dhahab”, vol. III págs. 217-219; Tarikh Yaqubi, vol. III, pág. 66.

[71] Bihar al-Anwar, vol. XII y otras fuentes shiíes.

[72] Tarikh Yaqubi, vol. III, pág. 84.

[73] Tarikh Yaqubi”, vol. III, pág. 79; Tarikh Abil-Fida, vol. I, pág. 208 y otras historias.

[74] Tarikh Yaqubi, vol. III, pág. 86; Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 268.

[75] Tarikh Yaqubi, vol. III, pág. 86; Muruj al-Dhahab, vol. III, pág. 270.

[76] Tarikh Yaqubi, vol. III, págs. 91-96; Tarikh Abil-Fida, vol. I, pág. 212.

[77] Tarikh Abil-Fida, vol. II, pág. 6.

[78] Tarikh Yaqubi, vol. III, pág. 198; Tarikh Abil-Fida, vol. II, pág. 33.

[79] Bihar al-Anwar, vol. XII, sobre la vida del Imam Ya’far al-Sadiq (as).

[80] Aghani de Abul-Faraj, la historia del puente de Bagdad. El Cairo 1345-1351.

[81] Aghani de Abul-Faraj, la historia de Amin. El Cairo 1345-1351.

[82] Tarikh Abil-Fida, y otras historias.

[83] al-Hadarat al-islamiyah, vol. 1, pág. 97. El Cairo 1366 de la hégira lunar.

[84] Muruj al-Dhahab, vol. IV, pág. 373; Milal wan-Nihal, vol. I, pág. 254. El Cairo 1368 de la hégira lunar.

[85] Tarikh Abil-Fida, vol. II pág. 63, y vol. III pág. 50.

[86] Ver las historias al-Kamil de Ibn Azir. El Cairo 1348 de la hégira lunar; Rawdat al-Safa y Habib al-Siyar de Khwand Mir. Teherán 1333 de la hégira lunar.

[87] Tarikh al-Kamil y Tarikh Abil-Fida, vol. III.

[88] Tarikh Habib al-Siyar.

[89] Tarikh Habib al-Siyar y Tarikh Abil-Fida, entre otros.

[90] Rayhanat al-Adab de Muhammad Ali Tabrizi , vol. II, pág. 365. Teherán 1326-1332 de la hégira lunar, y la mayoría de los trabajos sobre hombres famosos.

[91] Rayhanat al-Adab, vol. II, pg. 380.

[92] Raudat al-Safa y Habib al-Siyar entre otros.

[93] Raudat al-Safa y Habib al-Siyar.

 

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