MAWLANA IMAM ‘ALI AMIR AL-MU’MININ

بِسْمِ اللَّـهِ الرَّحْمَـٰنِ الرَّحِيمِ
الحمد للّه رب العالمين والصلاة والسلام على خير خلقه محمد وآله الطاهرين

Mawlana Imam ‘Alî ibn Abî Tâlib, nació en el interior de la bendita Ka’bah en el año 23 de la hégira lunar (600 de nuestra era) en la ciudad de La Meca, y murió en la mezquita de Kufa (Iraq) en el año 40 de la hégira lunar (661 de nuestra era). Su padre fue Abû Tâlib ibn ‘Abdul-Muttâlib y su madre Fâtimah bint Asad. Primo y yerno del Profeta Muhammad, quien según la tradición le dio el nombre de ‘Alî que significa «el exaltado». Primer Imam shiíe, padre de los Imames Hasan y Husayn a través de Fâtimah, la hija del Profeta y Cuarto Califa de la comunidad islámica. Artículos escritos por el profesor hindú, Ismail K. Poonawala (1° parte), y el profesor hebreo Etan Kohlberg (2° parte) en la Encyclopaedia Iranica en el año de 1982 de nuestra era.

Primera Parte

Vida

La vida de Mawlana Imam ‘Alî se divide en tres fases distintas: primero, desde su nacimiento hasta la muerte del Profeta en el año 11 de la hégira lunar (632 de nuestra era); segundo, hasta el asesinato del califa ‘Uthmân en el año 35 de la hégira lunar (656 de nuestra era); y tercero, desde la elección de su califato hasta su muerte. Cuando el padre de ‘Alî, Abû Tâlib, jefe del clan de Banû Hâshim, se empobreció, a consecuencia del hambre en la Meca y sus alrededores, ‘Alî fue adoptado por Muhammad quien había sido cuidado por Abû Tâlib desde niño. Fue colocado así desde muy joven directamente bajo la tutoría y custodia del Profeta, quien era su primo. Cuando Muhammad fue llamado por Allâh para ser un Profeta, Abû Tâlib lo siguió apoyando y repelía el mal con que lo atacaban los impíos de entre los árabes y especialmente por los Quraysh. ‘Alî, aunque sólo tenía diez años, se convirtió en uno de sus primeros seguidores. ‘Alî fue el primer hombre en haber aceptado el Islam, y el primero entre los seguidores del Profeta en no haber adorado nunca a otra divinidad que al único Allâh. En otra reunión, cuando el Profeta había reunido a sus familiares y los invitó a aceptar su religión, dijo que la primera persona en aceptar su convocatoria sería su califa heredero. La única persona que se levantó y aceptó la fe, fue ‘Alî y el Profeta aceptó su declaración de fe. La noche que Muhammad huye desde La Meca hasta Medina, ‘Alî arriesgó su vida durmiendo en su cama; también llevó a cabo la petición del Profeta para restaurar todas las propiedades que le habían sido confiadas como un comerciante a sus dueños en La Meca. Sólo entonces, ‘Alî salió para Medina; allí se casó con Fâtimah, la hija de Muhammad.

Mawlana ‘Alî estuvo presente en todas las guerras donde participó el Profeta excepto en la batalla de Tabuk, en que le fue ordenado que permaneciera en Medina en lugar del Profeta. No se retiró de ninguna batalla ni le dio la espalda a ningún enemigo. Nunca desobedeció al Profeta de modo que el Profeta dijo: «’Alî nunca se separa de la Verdad, ni la Verdad de ‘Alî». El valor de ‘Alî durante las expediciones militares se hizo legendario. Junto con Hamza, Abû Duyâna, y Zubayr, alcanzó la fama por sus luchas contra el enemigo; en Badr se dice haber aniquilado a más de un tercio del ejército enemigo por sí solo. Se mantuvo firme y robusto defendiendo al Profeta en Uhud y Hunayn, mientras que la victoria musulmana en Jaybar, donde usó una pesada puerta de hierro como escudo, es atribuida a su valor. Fue uno de los escribas de Muhammad y fue elegido para dirigir varias misiones importantes. Tras la Hiyra (hégira), cuando el Profeta instituyó la hermandad entre los Muhâyirûn (emigrantes) y los Ansâr (ayudantes), eligió a ‘Alî como su propio hermano. El tratado de Hudaybîa fue escrito por ‘Alî. En el año 9 de la hégira lunar (631 de nuestra era), cuando Abû Bakr dirigió la peregrinación, ‘Alî fue delegado por el Profeta para proclamar la sûratul-barâ’a [9] a los peregrinos reunidos en Mina. Fue elegido para destruir los ídolos adorados por los Aws, Jazray, y Tayy, y aquellos en la Ka’bah.

De acuerdo a los shiíes, el Profeta Muhammad inequívocamente nombró a ‘Alî como su sucesor en Ghadîr Jumm mientras retornaba de su “peregrinación de despedida” hacia La Meca. Los sunnis rechazan esta afirmación, sosteniendo que el Profeta murió sin nombrar un sucesor. Todas las fuentes originales presentan a la comunidad islámica de Medina comportándose como si no hubieran concebido acerca de la designación alegada a ‘Alî.

A la muerte del Profeta Muhammad, Mawlana ‘Alî tenía 33 años, y la comunidad se dividió en grupos que luchaban por la sucesión política. Aunque era el primero en virtudes religiosas y el más sobresaliente entre los compañeros del Profeta, fue hecho a un lado respecto al califato en base a la afirmación que era demasiado joven y de que tenía muchos enemigos entre la gente debido a la sangre de los politeístas que había derramado en los combates junto al Profeta. Los Ansâr estaban a punto de proclamar como califa a Sa’d ibn ‘Ubâda, pero esto no fue aceptado por los Muhâyirûn, quienes se consideraban más cercanos al Profeta en parentesco. Entre ellos estaba un grupo dirigido por ‘Alî y sus seguidores, es decir, Zubayr, Talḥa, ‘Abbâs ibn ‘Abdul-Muttalib, Miqdâd, Salmân Fârsî, Abû Dharr Ghifârî, y ‘Ammâr ibn Yâsir, quienes veían a ‘Alî como el heredero legítimo del Profeta. Los historiadores musulmanes coinciden en que tres importantes Muhâyirûn: Abû Bakr, ‘Umar, y Abû ‘Ubayda, fueron quienes se precipitaron a reunirse con los Ansâr para imponer a Abû Bakr como califa. Su éxito fue facilitado por los celos entre los Aws y los Jazray, las dos principales facciones tribales de los Ansâr, y la inactividad de los parientes del Profeta en la promoción de su propia causa. Cuando eligieron a Abû Bakr al califato fue presentado como un hecho consumado, ‘Alî y los Hashimíes retuvieron sus juramentos de lealtad hasta después de la muerte de Fâtimah. ‘Alî no afirmó activamente su propio derecho porque no quería echar a la naciente comunidad islámica hacia la lucha. Se retiró a una vida de retiro en la cual las obras religiosas se convirtieron en su principal ocupación; se le atribuye la primera versión ordenada cronológicamente del Corán, y su conocimiento del Corán y la Sunna ayudó a los califas en varios problemas legales. No participó en las guerras de la conquista en Ridda; sus acciones tras convertirse en califa parecen indicar que no aprobó las políticas de sus predecesores. En contraste con ‘Umar, recomendó que la renta entera del dîwân sea distribuida sin guardar cualquier cosa en reserva. El desacuerdo con las políticas de Abû Bakr y ‘Umar puede deducirse de una respuesta evasiva que dio a ‘Abdul-Rahmân ibn ‘Awf en la shûrâ (consulta) cuando se le preguntó si seguiría el Corán, la Sunna del Profeta, y el sîratul-shayjayn o las políticas de Abû Bakr y ‘Umar.

En el período que precede al califato de Mawlana ‘Alî, ‘Uthmân se enfrentó a problemas surgidos de los conflictos de intereses entre las tribus tradicionales y los nuevos líderes musulmanes. Lo llamaban qurrâ’, los conquistadores originales de los clanes menores, se resintieron por el endurecimiento del control central de ‘Uthmân y sentía que sus intereses estaban amenazados por la creciente influencia de los líderes tribales tradicionales, quienes eran recién llegados de las provincias. Esta fue la causa común de la oposición en todas las provincias excepto Siria, la cual se mantuvo libre de la inmigración incontrolada que mantenía un firme control por Mu’âwîya, gobernador desde el año 20 de la hégira lunar (641 de nuestra era). A mediados de los años 35 de la hégira (656 de nuestra era), llegaron grupos descontentos de las provincias de Egipto, Kufa (liderado por Mâlik Ashtar), y Basora a Medina.

En Medina la oposición misma vino en tres grupos principales. Primero, un número de prominentes Muhâyirûn acusaron a ‘Uthmân de nepotismo y desviación de los principios islámicos, por ejemplo, la alteración del número de raka’as para la oración en Mina y  ‘Arafât. Poco antes de su muerte, ‘Abdul-Rahmân ibn ‘Awf, dijo haber declarado que ‘Uthmân se había apartado de su promesa de adherirse al Corán, la Sunna y la sîratul-shayjayn, y pidió que no se le permitiera rezar en su funeral. ‘Abdallâh ibn Mas’ûd, quien parece haber sido despedido del tesoro de Kufa, expulsado de la mezquita y golpeado por criticar a ‘Uthmân, reportó haber hecho la misma petición. Abû Dharr Ghifârî, quien era crítico de ‘Uthmân y de Mu’âwîya, fue exiliado de Medina. ‘Ammâr ibn Yâsir fue golpeado por su crítica de ‘Uthmân. El segundo grupo de oponentes de Medina se formó alrededor de Talha y se distinguió claramente del primero, sólo en la batalla del Camello. Incluían a Zubayr y ‘A’isha, que se oponían a la dominación omeya pero favorecieron a los Quraysh. Tanto Talha como Zubayr tenían enormes ingresos de sus propiedades, principalmente en Iraq, y su oposición provino del fortalecimiento del poder Omeya. Talha se volvió muy crítico de ‘Uthmân, usó su influencia en el pueblo de Basora para alentar su oposición, y fue activo contra ‘Uthmân en el momento del asedio. ‘A’isha, quien también había desempeñado su rol en el fomento de la oposición, partió hacia La Meca cuando ‘Uthmân fue asediado, esperando que lo mataran y que Talha se convirtiera en califa. Los Ansār, quienes habían perdido su influencia bajo ‘Uthmân, formaron el tercer grupo. El nombramiento de Hârith ibn Hakam como supervisor del mercado de Medina añadió el insulto a la injuria; se sintieron impotentes en su propio pueblo.

Mientras tanto, Mawlana ‘Alî había actuado como una influencia restrictiva sobre ‘Uthmân sin oponerse directamente a él. Marcando este punto, Ibn A’tham afirma que ‘Alî sabía que ‘Uthmân no se atrevería actuar en su contra. En varias ocasiones, ‘Alî discrepó con ‘Uthmân en la aplicación de los hudûd; había mostrado públicamente la simpatía por Abû Dharr y había hablado fuertemente en la defensa de ‘Ammâr ibn Yâsir. Transmitió a ‘Uthmân las críticas de otros compañeros y actuó en nombre de ‘Uthmân como negociador con la oposición provincial que había venido a Medina; debido a esto, parece haber surgido cierta desconfianza entre las familias de ‘Alî y ‘Uthmân. Trató de mitigar la severidad del asedio con su insistencia de que ‘Uthmân debería tener agua.

Tras el asesinato de ‘Uthmân, la mayoría de los Omeyas huyeron de Medina, dejando así a la oposición provincial el control de la situación. Los grupos más fuertes fueron los egipcios, los Ansâr y los prominentes Muhâyirûn. Invitaron a ‘Alî para aceptar el califato; renuente, sólo estuvo de acuerdo después de largas dudas, probablemente varios días después de la muerte de ‘Uthmân. Las fuentes sugieren que antes del asesinato de ‘Uthmân, el grupo de oposición de Basora en Medina consideraba a Talha como su líder, mientras los kufanos apoyaban a Zubayr; más tarde, ambos grupos apoyaron a ‘Alī. Por lo tanto, la situación en el Hiyaz y las provincias en vísperas de la elección de ‘Alī estaba lejos de ser resuelta. Su breve reinado estuvo asediado por dificultades atribuibles al estado de cosas que heredó. Mughîra ibn Shu’ba aconsejó a ‘Alî contra le inmediata eliminación de todos los gobernadores designados por ‘Uthmân, especialmente Mu’âwîya; ‘Abdallâh ibn ‘Abbâs también le aconsejó que procediera lentamente, pero respondiendo a las demandas de sus partidarios, reemplazó a los gobernadores de ‘Uthmân con los suyos, desencadenando así una serie de reacciones que culminaron en las batallas del Camello y Siffîn.

La Batalla del Camello

Retornando a Medina, ‘A’isha se enteró que ‘Uthmân había sido asesinado y que ‘Alî era califa. Volvió a La Meca y participó activamente en una campaña contra el Imam; su rencor contra ‘Alî proviene del incidente de la calumnia contra ella, cuando ‘Alî había aconsejado al Profeta que se divorciara de ella. Al regreso de la batalla contra los Bani Must’alaq, el año quinto de la hégira, ‘A’isha, una de las esposas del Profeta, quedó sola en medio del desierto y de la noche. Al amanecer fue encontrada por Safwan ibn Mutal, uno de los musulmanes que había participado en la expedición militar y regresó con ella a Medina. Algunas gentes habrían aprovechado este suceso para murmurar contra ella y, de manera destacada ‘Abdullah ibn Abi Salul (Suratun-Nûr [24]: ayats 11-20). Mientras tanto, los Omeyas que habían huido de Medina se reunieron en La Meca; se les unieron los gobernadores de Basora y Yemen, quienes habían traído consigo dinero destinado al tesoro público. Talha y Zubayr, ya frustrados en sus ambiciones políticas, quedaron aún más decepcionados de ‘Alî en sus esfuerzos por asegurarse por sí mismos las gobernaciones de Basora y Kufa. Cuando se enteraron de que sus partidarios se habían reunido en La Meca, le pidieron permiso a ‘Alî para salir de Medina con el pretexto de realizar la ‘umra (peregrinación menor). Entonces rompieron con ‘Alî, colocando la responsabilidad del asesinato de  ‘Uthmân sobre el Imam y demandaron que trajera a los asesinos a juicio; se unieron a los Omeyas, cuyos objetivos, sin embargo, eran diferentes. Incapaz de reunir demasiado apoyo en el Hiyaz, Talha y Zubayr decidieron trasladarse a Basora con la esperanza de encontrar las fuerzas y los recursos necesarios para movilizar el apoyo iraquí. Cuando ‘Alî descubrió esto, se puso en persecución pero no logró superarlos. Los rebeldes ocuparon Basora, asesinando muchas personas. ‘Alî levantó el apoyo en Kufa y siguió a los conspiradores hacia Iraq. Tras las negociaciones para un arreglo pacífico, fracasaron, los rebeldes fueron derrotados en la Batalla del Camello, así denominado debido a la presencia de ‘A’isha en el centro de la batalla montada sobre un camello.

Mawlana ‘Alî entró a Basora y dividió equitativamente el dinero encontrado en el baytul-mâl (tesoro público) entre sus seguidores. Este acto puede tomarse como una indicación de su política de dar igual valor a los musulmanes que sirvieron al Islam en sus primeros días y a los musulmanes posteriores que jugaron un rol en las conquistas. Nombró a ‘Abdallâh ibn ‘Abbâs gobernador de Basora, y fue a Kufa para obtener apoyo contra Mu’âwîya. Logró formar una amplia coalición que trajo dos grupos más a su lado, los qurrâ’, quienes vieron en el Imam su última esperanza de recuperar la influencia y la dirección tribal tradicional, atraída por su división equitativa del botín. La exitosa formación de una coalición tan diversa, formada por hombres como ‘Ammâr ibn Yâsir (muhâyir), Qays ibn Sa’d ibn ‘Ubâda (ansârî), Mâlik Ashtar (del grupo qurrâ’), y Ash’ath ibn Qays Kindî (un ex líder ridda que había surgido como un líder tribal en Kufa), parece ser debido al carácter notable de  ‘Alî.

La Batalla de Siffīn

Mawlana ‘Alî abrió negociaciones con Mu’âwîya, con la esperanza de recuperar su lealtad. Mu’âwîya insistió en la autonomía Siria bajo su propio liderazgo, pero ‘Alî sostuvo que todas las provincias deben compartir igualmente los problemas que enfrenta la comunidad musulmana. Mu’âwîya respondió movilizando a sus partidarios sirios y negándose a rendir homenaje a ‘Alî con el pretexto de que su contingente no había participado en su elección. Además, como walî (pariente cercano) a ‘Uthmân, exigió la rendición de los asesinos de ‘Uthmân. ‘Alî rechazó las demandas de Mu’âwîya, afirmando que fue elegido debido al pueblo, que tenía el derecho de ejercer su juicio, y que ‘Uthmân había sido asesinado porque la gente estaba indignada por sus acciones arbitrarias; por lo tanto, no eran responsables del castigo.

Hacia el final del año 36 de la hégira lunar (657 de nuestra era), los dos ejércitos se reunieron en la llanura de Siffîn. La confrontación duró tres meses, la mayor parte del tiempo se pasó en negociaciones. Finalmente, una semana de combate fue seguida por una violenta batalla conocida como laylatul-harîr (la noche del clamor); los sirios estaban a punto de ser derrotados cuando ‘Amr ibn ‘As aconsejó a Mu’âwîya hacer que sus soldados tomaran los masâhif (pergaminos escritos con versículos coránicos) y los colocaran en las puntas de sus lanzas para causar desacuerdo y confusión en el ejército de ‘Alī. Consciente de las divisiones dentro de las filas del bando de ‘Alî, Mu’âwîya explotó la situación. Como el propósito principal de levantar los masâhif era lograr el cese de las hostilidades, cabe señalar que el llamamiento a la paz no se dirigía hacia ‘Alî sino hacia los ahlul-‘Irâq (pueblo de Iraq) que formaban el grueso del ejército de ‘Alî, aislando así al Imam de sus seguidores y apelando a sus intereses regionales. ‘Alî vio a través de la estratagema, pero sólo una minoría estaba a favor de la lucha continua; el líder tribal más poderoso de Kufa, Ash’ath ibn Qays Kindî, insistió en aceptar el llamado de Mu’âwîya, diciendo a ‘Alî que ningún hombre de su bando lucharía por él si no aceptaba la propuesta del asentamiento. Esta negativa del mayor bloque de su ejército para combatir fue el factor decisivo en la aceptación del arbitraje por ‘Alî. Con la mayoría de los qurrâ’ favoreciendo también un arreglo, ‘Alî detuvo la lucha y envió a Ash’ath ibn Qays para averiguar las intenciones de Mu’âwîya. Mu’âwîya sugirió que cada lado debería elegir un árbitro, que juntos tomarían una decisión basada en el Corán; esta decisión sería vinculante para ambas partes.

En este momento, Mu’âwîya parece no haber hecho ninguna referencia específica a su insistencia anterior en la venganza por la sangre de ‘Uthmân o al retorno a la shûrâ. La mayoría de la gente en el campamento de ‘Alî, estaba satisfecho, tornándose a la designación del hakam (arbitro) quien se reuniría con ‘Amr ibn ‘As, el representante sirio. La cuestión de que si el hakam representaría a ‘Alî o a los iraquíes (principalmente los kufanos) causó una nueva división en el ejército de ‘Alî. Ash’ath ibn Qays y los qurrâ’ rechazaron a los propios nominados de ‘Alî, ‘Abdallâh ibn ‘Abbâs y Mâlik Ashtar, e insistieron en Abû Mûsâ Ash’arî, quien se oponía a ‘Alî, ya que antes había impedido que la gente lo apoyara. Abû Mûsâ fue favorecido por los qurrâ’ debido que había estado a favor de la autonomía provincial, mientras que Ash’ath ibn Qays esperaba prolongar el estancamiento entre ‘Alî y Mu’âwîya con el fin de controlar el poder de ‘Alī y recuperar su propia influencia anterior. ‘Alî finalmente aceptó a Abû Mûsâ.

La redacción del acuerdo sólo se llevó a cabo después de que ‘Alî hubiera acordado que se hiciera referencia por su nombre y no como amîr al-mu’minîn; Mu’âwîya objetó que si ‘Alî fuera realmente el califa, no habría luchado contra él. Los principales términos del acuerdo fueron: primero, el Corán debía decidir entre los dos lados; segundo, la tarea de los árbitros era llegar a un acuerdo vinculante; tercero, los árbitros serían guiados por el Corán, pero al no encontrar orientación, recurrirían a la al-sunnat al-‘âdilat al-yâmi’a ghayr al-mufarriqa. Con la redacción de este acuerdo, la coalición de ‘Alî comenzó a colapsar. La cuestión de recurrir a la Sunna parece ser la causa principal de la reacción de los qurrâ’. Habían aceptado el arbitraje porque era un llamamiento a la paz y a la aplicación del Corán; los términos del acuerdo aún no se habían resuelto y no había ninguna indicación de que ‘Alî no sería considerado como amîr al-mu’minîn. Más grave era que extender la autoridad de los árbitros más allá del Corán a la imprecisa Sunna comprometía la autoridad del Corán; era por lo tanto equivalente al tahkîm al-riyâl fi’l-dîn o fî kitâb Allâh. Así levantaron el grito de lâ hukm illâ lillâh (la jurisdicción recae sólo en Allâh). En ese momento los sirios alegaron que el documento era un acuerdo para que el Corán fuera consultado sobre si ‘Uthmân había sido asesinado justa o injustamente, aunque los qurrâ’ no tenían dudas de que había sido asesinado justamente. El planteamiento de la cuestión del asesinato de ‘Uthmân por Mu’âwîya en esta etapa crítica debe ser visto en conjunción con su anterior evasiva sobre el tema. Todo el asunto se parece a un intento hábilmente organizado en destruir la coalición de ‘Alî. Los qurrâ’ le dijeron a ‘Alî que si no se arrepentía de su aceptación del arbitraje, como lo habían hecho, se declararían barâ’a  (disociados) de él. En el regreso del ejército a Kufa, algunos de los qurrâ’ se detuvieron en Harûrâ’, pero ‘Alî logró conciliarlos, probablemente haciendo concesiones. Sólo después de retornar a Kufa, ‘Alî dejó en claro que no infringiría el arbitraje. En ese momento aquellos quienes habían protestado contra el arbitraje se separaron del bando de ‘Alî (conocido como los Jawâriy) y se reunieron en Nahrawân.

La primera reunión de los árbitros parece haber tenido lugar en Dûmat al-Jandal en torno a Ramadhan del año 37 de la hégira lunar (febrero del año 658 de nuestra era), como se estipula en el acuerdo. Se llegó a la conclusión de que los actos de que ‘Uthmân fuera acusado no eran arbitrarios, lo que implicaba que había sido asesinado injustamente y que Mu’âwîya tenía derecho a reclamar venganza. El veredicto no se hizo público, pero ambas partes llegaron a conocerlo. ‘Alî protestó diciendo que era contrario al Corán y a la Sunna, y por lo tanto, no vinculante. Luego trató de organizar un nuevo ejército, pero sólo los Ansâr, el resto de los qurrâ’ dirigida por Mâlik Ashtar, y algunos de sus clanes permanecieron leales. Dejó Kufa con su nuevo ejército para involucrarse en Mu’âwîya, pero primero se dirigió a Nahrawân para tratar con los disidentes. Trató de obtener su apoyo al declarar que lucharía contra Mu’âwîya, pero persistieron en su demanda que el Imam debería confesar primero su pecado al aceptar el arbitraje; después de prometedores intentos a los que se someterían, ‘Alî atacó. La masacre resultante fue ampliamente condenada, y las defecciones de su ejército lo obligaron a regresar a Kufa.

A estas alturas, ‘Alî y Mu’âwîya ya no eran califas ni gobernadores, sino dos rivales al califato. Parece que los árbitros y otras personas eminentes, con la exclusión de los representantes de ‘Alî, se reunieron en Adhrûh en el mes de Sha’bân del año 38 de la hégira lunar (enero del año 659 de nuestra era), para discutir la selección del nuevo califa. ‘Amr ibn ‘As es apoyado por Mu’âwîya, mientras Abû Mûsâ prefirió a su yerno ‘Abdallâh ibn ‘Umar, pero este último se negó a presentarse a la elección por falta de unanimidad. Abû Mûsâ propuso entonces, y ‘Amr ibn ‘As estuvo de acuerdo, deponer tanto a ‘Alî como a Mu’âwîya y someter la selección del nuevo califa a una shūrā. En la declaración pública que siguió a Abû Mûsâ, observó su parte de acuerdo, pero ‘Amr ibn ‘As depuso a ‘Alî y confirmó a Mu’âwîya como califa.

Mientras tanto, Mu’âwîya había seguido un curso agresivo haciendo incursiones en el corazón de Iraq y Arabia. Al final del año 39 de la hégira lunar (660 de nuestra era) ‘Alî, quien fue considerado como califa sólo por un número decreciente de partidarios, perdió el control de Egipto y el Hiyaz. Una mañana al alba, mientras oraba en una mezquita en Kufa, fue golpeado con una espada envenenada por un Khariji, ‘Abdul-Rahmân ibn Mulyam, con la intención de vengar a los hombres asesinados de Nahrawân. Dos días después, el 19 o 21 del mes de Ramadhan del año 40 de la hégira lunar (enero del año 661 de nuestra era),’Alî murió a la edad de sesenta y tres años y fue enterrado cerca de Kufa. El entierro fue mantenido en secreto, pero en el tiempo de Hârûn al-Rashîd su tumba fue identificada a pocos kilómetros de Kufa y un santuario fue establecido alrededor del cual creció un pueblo llamado Nayaf. De sus catorce hijos y diecinueve hijas por nueve esposas y varias concubinas, Hasan, Husayn, y Muhammad ibn Hanafîya son los más conocidos. Los discursos políticos de ‘Alî, sermones, cartas y dichos fueron coleccionados por Sharîf Razî en un libro titulado Nahyul-balâgha (el camino de la elocuencia), muy conocido en la literatura árabe, el más famoso de sus comentaristas es Ibn Abi’l-Hadîd; un dîwân es también atribuido a ‘Alî.

Dado que los conflictos en los que ‘Alî estaba involucrado se perpetuaron en la polémica historiográfica sectaria, el material biográfico es a menudo sesgado. Pero las fuentes coinciden en que él era un hombre profundamente religioso, dedicado a la causa del Islam y al gobierno de la justicia de acuerdo al Corán y a la Sunna; entabló una guerra contra los musulmanes “errantes” como una cuestión de deber religioso. Las fuentes abundan en noticias sobre su austeridad, observancia rigurosa de los deberes religiosos, y desapego de los bienes mundanos. Algunos autores han señalado que carecía de habilidad política y flexibilidad.

Su posición entre los Shiíes

Los shiíes sostienen que el Profeta Muhammad designó a Mawlana ‘Alî como su sucesor por mandato divino; al llegar a Ghadîr Jumm desde la “peregrinación de despedida”, el Profeta anunció una oración congregacional. Cuando el pueblo se reunió, el Profeta tomó a ‘Alî por el brazo y lo puso de pie junto a él, y dijo: “Oh pueblo, sabed lo que Aaron fue de Moisés, ‘Alî lo es para mí, excepto que no habrá Profeta después de mí, y él es mi walî para ustedes después de mí. Por lo tanto, aquel cuyo mawlâ (maestro) soy yo, ‘Alî es su maestro”. Entonces levantó el brazo de ‘Alî y dijo: “Oh Señor, sé amigo de aquel quien sea devoto de ‘Alî, y sé un enemigo de cualquiera que se torne en enemistad contra él, dale la victoria a quien ayuda a ‘Alî y abandona a quienes abandonan a ‘Alî. Que la verdad abarque a ‘Alî hasta el fin de su vida”. Esta tradición, la cual es aceptada por los sunnis pero interpretada de manera diferente, simboliza la veneración shiíe de ‘Alî y su doctrina del imamato.

El imamato de ‘Alî es un principio cardinal de la fe shiíe. A través de la walâya (devoción a ‘Alî y a los Imames) se puede obtener el verdadero conocimiento del Islam. Los tres primeros califas habían usurpado el derecho de ‘Alî y la mayoría de la primera comunidad habían apostatado debido a que se desviaron del legítimo Imam. De acuerdo a un dicho atribuido a ‘Alî mismo, aquellos quienes lucharon contra él en la batalla del Camello fueron los nâkithûn (quebradores de la lealtad), aquellos quienes se opusieron a él en la batalla de Siffîn fueron los qâsitûn (malhechores), y aquellos quienes lucharon contra él en la batalla de Nahrawân los Jawâriy fueron los mâriqûn (desviados). Sólo los Batrîya de entre los primeros Zaydîs sostuvieron el imamato de Abû Bakr, ‘Umar, y ‘Uthmân, con el argumento de que ‘Alî no se opusiera a ellos. Considerándole el hombre más excelso después del Profeta, ellos le permitieron el imamato de la menos excelencia. Pero a partir del siglo III de la hégira lunar (siglo IX de nuestra era), las opiniones de los Yârûdîya, quienes rechazaron el imamato de los primeros tres califas, prevalecieron entre los Zaydîs. ‘Alî, el wasî del Profeta, fue especialmente instruido y autorizado por él por mandato divino para asistirlo en su misión. El Profeta trajo el tanzîl (la revelación) y estableció la sharî’ah, mientras ‘Alî, el repositorio del conocimiento del Profeta, proveyó su ta’wîl (interpretación). Durante la vida del Profeta, la posición de ‘Alî estaba junto a la suya y tras él lo sucedió como el próximo hombre excelso. El Imam fue divinamente guiado, ma’sûm (infalible), purificado de toda impureza, y no pudo cometer ningún pecado, menor o mayor. El Imam es el intermediario del cielo y el infierno y el dispensador de la sâqî (bebida) en el polo celestial del Kawthar (Fuente). El Imam intercederá con Allâh en el Día del Juicio en nombre de sus seguidores; es el guía para la humanidad, la huyya (prueba) de la existencia de Allâh para sus criaturas, y la Puerta de su Misericordia. La salvación está reservada únicamente para aquellos que declaran su creencia y devoción al Imam. Algunos grupos ghulât (ultrashiíes) incluso atribuyeron la rubûbîya (divinidad) a ‘Alî. Así el imamato, el corazón del shiísmo, está estrechamente conectado con ‘Alî. Su personalidad no sólo proporcionó esta doctrina con una perspectiva histórica sino también sirvió como punto de partida para las sofisticadas especulaciones filosóficas sobre el imamato el cual evolucionó a lo largo de los siglos.

Mawlana ‘Alî era inigualable en ascetismo religioso y en la adoración de Allâh. En respuesta a algunos que se habían quejado de la cólera de ‘Alî hacia ellos, el Profeta dijo: «No reprochen a ‘Alî porque él está en un estado de éxtasis y perplejidad divina». Abû Dharr Ghifârî, uno de los compañeros, vio un día el cuerpo de ‘Alî en una de las plantaciones de palmeras en Medina acostado en el suelo tan rígido como un madero. Fue a la casa de ‘Alî a informarle a su noble esposa, la hija del Profeta, y a expresarle sus condolencias. La hija del Profeta le dijo: «Mi primo no ha muerto. Más bien, temeroso de Allâh se ha desmayado. Este estado le sobreviene a menudo».

Hay muchas historias sobre la amabilidad de Mawlana ‘Alî con los marginados, de su compasión con los pobres necesitados y de su munificencia hacia quienes estaban desvalidos y en la miseria. ‘Alî gastaba todo lo que ganaba en ayuda a los pobres y necesitados, viviendo el mismo de la manera más estricta y simple. Amaba la agricultura y pasaba mucho tiempo cavando pozos de agua, plantando árboles y cultivando campos. Pero todos los campos que cultivaba o pozos que construía los entregaba como prenda o dote a los pobres. Sus donaciones, conocidas como «la limosna de ‘Alî», produjeron el notable ingreso de 24 mil dinares de oro hacia el fin de su vida.

Segunda Parte

Mawlana Imam ‘Alî visto por la comunidad

La posición de Mawlana ‘Alî en la religión y en el pensamiento popular es sólo secundaria a la de Muhammad mismo. Generaciones de admiradores, no todos shiíes, embellecían los datos biográficos tradicionales con anécdotas que destacaban sus excelentes cualidades físicas, morales y espirituales. De acuerdo con la creencia popular ‘Alida, ‘Alî no sólo fue la primera persona en haber abrazado el Islam; también superó a todos los demás compañeros en su devoción al Profeta y en su valentía, generosidad, humildad, y piedad. Abû Bakr puede ser llamado al-Siddîq y ‘Umar al-Fârûq, pero ‘Alî es tanto al-Siddîq al-Akbar y al-Fârûq al-A’zam. Se comenta haber participado con el Profeta en el mi’ray (ascensión) al cielo, y de haberse sentado junto a él cada vez que una revelación descendía; anotó cada versículo junto con su significado oculto, y esto se convirtió en el mushaf de ‘Alî. Como Muhammad, ‘Alî le fue dado muchos nombres y denominaciones honoríficas: trescientos de éstos se comentan que se encuentran en el Antiguo y Nuevo Testamento y muy específicamente en el Sagrado Corán, donde numerosos términos, tales como sabîl, mîzân, sirât, y ni’ma son interpretados como referentes al Imam; otros son preservados en el cielo. El título de ‘Alî, amîr al-mu’minîn, le fue otorgado por Allâh antes de la creación de Adam.

De las diversas hazañas de ‘Alî durante la vida Muhammad, sus encuentros con demonios se convirtieron en un tema favorito entre los narradores de historia. Se dice haber combatido contra Iblîs, a quien habría matado sino fuese por la intervención de Muhammad. En otra ocasión, fue enviado por Muhammad al valle de los yinn después de que Gabriel había informado al Profeta de una conspiración que estaba echada contra él; ‘Alî obtuvo la victoria sobre los yinn, convirtió a muchos de ellos al Islam, y nombró a uno de ellos como su representante encargado de propagar la fe entre los yinn infieles. Fue por uno de los yinn creyentes que ‘Alî supo acerca del tirano yemení Yudhâm ibn Hayyâf; su viaje para combatir a este infiel proporciona el marco para una serie de acontecimientos milagrosos que confirman los poderes sobrenaturales de ‘Alî: caminaba tan rápido que nadie podía mantener el ritmo con él; podía saltar a través de un lago de 12 dhirâ’ de ancho; cuando fue atacado por un gran número de enemigos, los mató a todos por sí solo. Parece que hay motivos similares prevalecientes en el Maghrib: se dice que ‘Alî fue cercado por un ejército cristiano en algún lugar del Norte de Africa, pero se protege al abrir paso en las montañas mediante un golpe de su espada. Las historias que circulan en Irán (inspiradas quizá en las hazañas de legendario Rustam), tratan especialmente de las aventuras de ‘Alî en compañía de Mâlik Ashtar, Abû Mihyan, y sus sucesivas guerras contra el rey Sasánida Kavâdh, contra dragones y demonios.

La vida entera de ‘Alî es en efecto, como una serie de acontecimientos milagrosos, desde que la tierra se iluminó en la noche de su nacimiento, hasta el momento de su muerte, en que las piedras alrededor del templo de Jerusalén estaban cubiertas de sangre. Los milagros que se le atribuyen, muchos de los cuales también se atribuyen a Muhammad, son tan numerosos que sólo podemos mencionar algunos. ‘Alî entendía el lenguaje de los animales y las plantas, así como de todas las lenguas humanas. Podía ordenar a las plantas para que cumplieran sus órdenes: Un árbol seco se volvió verde y dio fruto a su orden. Los objetos inanimados también le obedecían. En Siffīn, ordenó que se moviera una roca; se encontró agua abundante debajo de ella, con la que sus seguidores saciaron su sed; la roca entonces volvió a su posición original. En otra ocasión, ‘Alî bajo las aguas del Éufrates con su báculo, evitando así del peligro de una inundación. Los guijarros se convertían oro en sus manos; las aguas de un wâdî se convirtieron en piedras sobre las cuales ‘Alî caminó (un judío que presenció este milagro adoptó el Islam). Al menos en tres ocasiones tanto en La Meca, Jaybar, e Iraq, el sol se volvió o se detuvo, para permitir que ‘Alî orara en el tiempo prescrito. Podía sanar a los enfermos y resucitar a los muertos: Cuando se dirigió a la ahlul-kahf (gente de la caverna) volvieron a la vida y contestó a sus preguntas.

Algunos de los milagros asociados con ‘Alî sirven para demostrar que él fue el objeto del amor especial de Allâh: Se dice que Gabriel trajo al Profeta una cidra del cielo; cuando se abrió, se encontró que contenía un trozo de seda del Paraíso con una inscripción de que éste era un regalo divino para ‘Alî. Otro regalo divino fue una camisa que había pertenecido a Aarón (una referencia a la extendida tradición de que ‘Alî tiene el mismo rango con respecto a Muhammad como Aarón con respecto a Moisés, excepto que ‘Alî no es un Profeta). ‘Alî también poseía la camisa de Adam, el báculo de Moisés y el anillo de Salomón. ‘Alî nació circunciso (como algunos de los profetas), podía ver desde atrás, así como desde el frente, y no echaba alguna sombra; sus excrementos nunca fueron vistos (ya que por orden divina la tierra inmediatamente los tragaba), y exudaba una fragancia más agradable que el almizcle.

Estas y otras anécdotas similares fueron difundidas entre la población por predicadores populares y narradores de relatos y poemas (generalmente en forma de qasîdas) exaltando las virtudes y las hazañas de ‘Alî que son conocidas por haber sido recitadas en los bazares por cantantes profesionales denominados manâqibjwânân al menos desde el siglo IV de la hégira lunar (siglo X de nuestra era). Como Goldziher ha demostrado, muchos relatos ‘Alidas permitieron un medio conveniente para preservar las tradiciones pre-islámicas: Por lo tanto, se dijo que la celebración de Nowrûz era legítima porque en este día Muhammad había nombrado a ‘Alî como su sucesor. Los intentos de combinar tradiciones persas y musulmanas son evidentes en leyendas tales como la del matrimonio del hijo de ‘Alî, Husayn, con la hija de Yazdegerd, el último rey Sasánida.

El Santuario de ‘Alî

Varios lugares son mencionados como santuario de ‘Alî. Algunas autoridades afirman que se localizan en el barrio de Bagdad de Karj o en Hilla, mientras que otras fuentes las colocan en varios puntos fuera de Iraq, incluyendo Medina, Damasco, Ray, y Mazār-e Sharīf en Afganistán. Entre los shiíes, una minoría de creyentes que están propiamente en el palacio en Kufa, la mezquita, la plaza pública, o la casa del sobrino de ‘Alî, Ya’da ibn Hubayra. Pero la mayoría de los eruditos shiíes están de acuerdo en que ‘Alî fue enterrado en Gharî, al oeste de Kufa, en el sitio de la Nayaf actual. Estos eruditos explican las discrepancias entre los diversos reportes manteniendo que ‘Alî mismo pidió ser enterrado en un lugar secreto para evitar que los Khariyis y otros enemigos profanaran su tumba. La leyenda dice que tanto el emplazamiento como la forma del entierro de ‘Alî estaban predestinados por Allâh: El camello que llevaba su cuerpo se arrodilló y se negó a moverse cuando llegó al lugar del santuario designado, donde se encontró entonces una tablilla de madera que llevaba una inscripción siriaca anunciando que la tumba había sido cavada para ‘Alî por Nûh (Noé) 700 años antes del Diluvio. De acuerdo a la tradición shiíe, ‘Alî está enterrado en la misma tumba que Adam y Nûh.

El lugar de reposo de ‘Alî permaneció en secreto durante todo el reinado de los anti-‘Alidas Omeyas. El Abbasí Dâwûd ibn ‘Alî, se dice que ordenó una pequeña estructura construida sobre la tumba en el año 133 de la hégira lunar (750-751 de nuestra era). Según otros reportes, Hârûn al-Rashîd fue el primer gobernante que descubrió su ubicación cuando accidentalmente tropezó con ella durante una expedición de caza; sobre la cual se erigió una tumba y la gente empezó a asentarse en la vecindad. El geógrafo Ibn Hawqal reporta que el gobernador Hamdánida de Mosul, Abu’l-Hayyâ’, fue responsable de la restauración de la tumba: Construyó una cúpula de cuatro columnas y adornó el santuario con alfombras y tapices. El gobernador Búyida, ‘Azudul-dawla tomó los dos santuarios de ‘Alî en Nayaf y Husayn en Karbalâ bajo su especial protección; construyó un nuevo mausoleo sobre la tumba de ‘Alî, alrededor de la cual se construyó un muro defensivo por Hasan ibn Fazl. El mausoleo fue quemado a finales del año 443 de la hégira lunar (1051-1052 de nuestra era) durante los disturbios anti-shiíes, pero fue restaurado antes del año 479 de la hégira lunar (1086 de nuestra era). La tumba de ‘Alî se salvó de la destrucción durante la invasión mongola de Iraq. El Ilkhanida Öleytü, tras abrazar el shiísmo duodecimano en el año 710 de la hégira lunar (1310 de nuestra era), incluso tuvo la idea de trasladar los restos de ‘Alî y Husayn a su capital Sultânîya, pero no vivió para realizar este proyecto. Ibn Battûta, quien visitó Nayaf en el año 726 de la hégira lunar (1326 de nuestra era), describe las paredes de la mezquita donde la tumba de ‘Alî se muestra cubierta de títulos esmaltados; cuatro puertas conducen al santuario, cada uno trazado teniendo una puerta de plata. El santuario parece haber escapado de la devastación infligida a Iraq durante las redadas de Tîmûr. El extremista rebelde shiíe y líder del movimiento Musha’sha’, ‘Alî ibn Muhammad ibn Falâh, lo saqueó tras conquistar Nayaf en el año 857 de la hégira lunar (1453 de nuestra era), pero ningún daño permanente parece haber sido infligido.

Cuando el santuario estuvo bajo ocupación Safávida, se convirtió en el foco de atención de la  devoción, ejemplificada en la peregrinación hecha por Shah Ismâ’îl a Nayaf y Karbalâ. Para no quedarse atrás, Sulaymân el Magnífico también visitó los santuarios en el año 1534 de nuestra era, tras la primera conquista de Iraq por los Otomanos. En el año 1803 de nuestra era, el santuario de Nayaf tuvo que soportar otro ataque, esta vez por los Wahhâbîs, pero se mantuvo firme. Hoy, una cúpula dorada se levanta sobre la tumba de ‘Alî. El interior está decorado con plata pulida, trabajos de espejos, y azulejos ornamentales. Sobre la tumba hay una tumba de plata, y el patio tiene dos minaretes.

La importancia de una peregrinación a Nayaf se enfatiza en todas las obras shiíes sobre la zîyârât. Las ocasiones recomendadas especialmente para los visitantes son el aniversario del nacimiento y la muerte de ‘Alî, el festival de Ghadîr Jumm, el cumpleaños del Profeta, y el día 27 del mes de Rayab, tradicionalmente la fecha del comienzo de la misión profética de Muhammad. La recitación de las oraciones especiales sobre la tumba de ‘Alî se considera particularmente beneficiosa en vista del rol de ‘Alî como el intercesor en el Día del Juicio. Los polemista sunnis han acusado a menudo a los shiíes de preferir las peregrinaciones a las tumbas de ‘Alî y a otros Imames sobre el hayy a La Meca.

Entre los Ghulât

Una de las diferencias básicas entre el shiísmo imamí y las diversas ramas shiíes conocidas colectivamente como ghulât (de extrema piedad religiosa) concierne a la cuestión de los respectivos roles de Mawlana ‘Alî y la de otros Imames por un lado y el Profeta Muhammad por el otro. El shiísmo imamí comparte con el Islam sunni la creencia de que Muhammad, como sello de los profetas, fue el último en haber recibido la wahy (revelación). La doctrina clásica del shiísmo imamí sostiene que ‘Alî y los otros Imames fueron los receptores de la ilhām (inspiración) y fueron por lo tanto los muhaddathūn (aquellos a quienes los ángeles dirigen), pero que estaban subordinados a Muhammad. En contraste, algunos de los ghulât creían que ‘Alî era igual o incluso superior a Muhammad, mientras que otros llegaron a afirmar que ‘Alî era la estación de los divino.

La gama del pensamiento ghulât sobre el tema están ilustrados por los siguientes ejemplos (sin embargo, deben ser tratados con cierta cautela ya que se encuentran principalmente en las fuentes hostiles): Algunos de los seguidores de Mawlana ‘Alî (a menudo identificados como los adherentes de ‘Abdallâh ibn Saba’) creían en la divinidad de ‘Alî, mientras otros sostenían que ‘Alî no había muerto y que retornaría a la tierra para restaurar la justicia. La Ghurâbîya creía que Muhammad se parecía más a ‘Alî estrechamente más que un ghurâb (cuervo); cuando Gabriel fue enviado por Allah con una revelación para ‘Alî, el Imam fue o pretendió ser engañado por la gran similitud entre ‘Alî y Muhammad, y entregó la revelación a este último. La Mansûrîya (seguidores de Abû Mansûr ‘Iylî) afirmaron que ‘Alî era la kisf (piedra) que había caído del cielo « ¿Es que no se fijan en el cielo y en la tierra que tienen delante y detrás? Si quisiéramos haríamos que se los tragara la tierra o haríamos caer sobre ellos un trozo de cielo; realmente en eso hay un signo para todo siervo que recurre a su Señor» (Surâtu Sabâ’ [34]: ayat 9); «El día en que su maquinación no les sirva de nada ni tengan quien los auxilie» (Surâtut-Tûr  [52]: ayat 44), y que era la segunda persona que Allâh creó (siendo el primero Jesús). Algunos adherentes de los Râwandîya sostuvieron que el espíritu divino se había alojado en Jesús, luego en ‘Alî, y más tarde en los otros Imames, mientras Yâbir Yu’fī supuestamente identificó a ‘Alî con la dâbbat alardh (bestia de la tierra escatológica) «Tú no vas a hacer que los muertos oigan o que los sordos escuchen la llamada cuando se apartan desentendiéndose» (Surâtun-Naml [27]: ayat 82). Según los reportes, una subsecta de la Jattâbîya (los discípulos de Abu’l-Jattâb) creían que ‘Alî y todos los otros Imames fueron profetas y apóstoles, y que Muhammad era el apóstol nâtiq (declarante), mientras que ‘Alî fue el apóstol sâmit (silente). Los ‘Alyâ’îya sostuvieron que Muhammad era el apóstol, e incluso el esclavo de ‘Alî; no sólo creyeron en la divinidad de ‘Alî, sino que también condenaron a Muhammad por clamar la autoridad para sí mismo (de ahí su denominación de Dhammîya). De acuerdo a un reporte diferente, los ‘Alyâ’îya creían en la divinidad de Muhammad y de ‘Alî, pero dieron preferencia en los asuntos divinos a ‘Alî. Por lo tanto, también son conocidos como ‘Aynîya, y se distinguen de los Muhammadîya o Mîmîya y de los Sînîya, quienes divinizan a Muhammad y a Salmân Fârsî respectivamente. Los ‘Alyâ’îya comparten con otros ghulât (conocidos colectivamente como Mujammisa) una creencia en la hulûl (infusión del espíritu divino en los cuerpos de cinco personas): Cuatro de estos son generalmente considerados por los ahlulkisâ’ (la gente del manto) es decir, ‘Alî, Hasan, Husayn y Fātima, mientras hay desacuerdos en cuanto a si el quinto es Muhammad o Salmân. También se dice que los Mujammisa argumentaron que cada uno de los cinco tenían su opuesto en quien se revela el principio maligno de los divino (una doctrina atribuida específicamente a Sharî’î y a Shalmaghânî), y que Allâh había delegado la creación del mundo a Muhammad, quien a su vez transfirió la responsabilidad de su gestión a ‘Alî.

Aunque los Isma’ilis no son generalmente vistos como pertenecientes a los ghulât, algunas doctrinas Isma’ili sobre ‘Alî están claramente influenciadas por ideas extremistas. En la jerarquía Isma’ili fatimí, la posición de ‘Alî como asâs (fundamento) significa que el Imam es superior a todos los otros Imames (de ahí que la comunidad Isma’ili Bohra de la India no lo considera un Imam); esta posición también se toma generalmente para significar que el Imam es subordinado a Muhammad, aunque algunos escritores arguyen que la superioridad de Muhammad es solamente válida durante su vida terrenal. En la doctrina Isma’ili Nizârî de la Qîyâma, con su énfasis sobre un eterno Imâm-e Qâ’im, ‘Alî es hecho para aparecer como un Imam con un rango notablemente más alto que la de Muhammad; el imamato es entonces visto como la fuente de la profecía.

Una combinación de doctrinas shiíes ghulât y elementos paganos no islámicos es evidente en la deificación Nusayrî de ‘Alî. Para los Nusayrîs, ‘Alî es la encarnación del alma universal y una emanación de Allâh. Así, ‘Alî no ha sido engendrado y no ha sido engendrado «Di: Él es Allâh, Uno» (Surâtul-Ijlâs [112]: ayat 1); siempre ha existido y es único e inmortal. De acuerdo a la rama Ishâqîya de los Nusayrîs, ‘Alî es Allâh, quien aparece en cada generación con una imagen diferente: una vez como Hasan, luego como Husayn. ‘Alî envió a Muhammad al mundo como Profeta; Muhammad es el hiyâb (velo) bajo el cual ‘Alî estaba oculto. El símbolo de ‘Alî es el ma’nâ (significado), mientras que Muhammad es el ism (nombre).

La crítica extremista de ‘Alî parece estar limitada a la primera secta de la Kâmilîya, cuyos miembros reportaron la calificación de incredulidad por haberse dejado suplantar por los tres primeros califas; pero el Imam y sus seguidores retornaron a la tradición del Islam cuando se convirtió en califa y libró guerras contra sus oponentes. En los escritos de Hamza ibn ‘Alî, el fundador de la doctrina religiosa drusa, ‘Alî juega un rol negativo, aunque insignificante: ‘Alî y Muhammad, Abû Bakr, ‘Umar y ‘Uthmân son todos los ministros del mal. Al parecer, esa opinión hostil no fue compartida por el escritor druso Ismâ’îl Tamîmî: Según los escritos que se le atribuyen, ‘Alî, uno de los cinco fundamentos, es el maestro del aspecto esotérico; la “unicidad” se debe afirmar sólo para él. Durante el mi’rây, Muhammad notó a alguien que se parecía a ‘Alî: Fue un ángel creado para parecerse al Imam debido al anhelo profundo de los ángeles por él.

La influencia de las actitudes de los ghulât pueden ser trazados a los tiempos modernos. El líder del movimiento Bâbâ’î en el siglo VII de la hégira lunar (siglo XIII de nuestra era), Bâbâ Ishâq, se alió a las formas ghulât del shiísmo que prevalecen en los círculos populares irano-turcos. El mencionado ‘Alî ibn Muhammad ibn Falâh creía en la divinidad de ‘Alî y afirmaba que el espíritu de ‘Alî había sido infundido en su propio cuerpo. Similares puntos de vista son encontrados en la versión inexpugnable del Dîwân del Shah Ismâ’îl I. Finalmente, los miembros de la secta persa Ahl-e Haqq, aunque no concedan a ‘Alî una posición central en su doctrina, sin embargo creen que fue en su persona que se realizó la segunda de las siete sucesivas manifestaciones de la divinidad.

Entre los Sufíes

En los primeros círculos de los zuhhâd (ascetas), Mawlana ‘Alî fue especialmente conocido por su piedad y su pobreza. Se narra que se vestía de forma sencilla, que arreglaba su propia ropa y calzado, de donde sale el sobrenombre de Jâsif al-na’l (albañal de zapatos), trabajaba como jornalero, y a menudo había tenido que vender las pocas posesiones que poseía, tales como la espada con la cual había defendido al Profeta, para poder alimentar a su familia. También se le describe como el más conocedor de los Compañeros de Muhammad, tanto en lo que se refiere a cuestiones teológicas como a cuestiones de ley. Típica es la visión del sufí Yunayd, quien consideraba a ‘Alî como “nuestro maestro en las raíces y las ramas del conocimiento religioso, y en la perseverancia frente a las dificultades.”

Con el crecimiento de la doctrina sufí en los siglos IV y V de la hégira lunar (siglos X-XI de nuestra era), se incrementó el énfasis de la posesión de ‘Alî, del secreto o el conocimiento esotérico transmitido a él por el Profeta; muchos lo consideraron de práctica ilimitada, ya que se creía incluso que se le había concedido la participación en la ghayb (Oculto), por ejemplo, por el conocimiento de los acontecimientos futuros y el conocimiento de los setenta y dos de las setenta y tres letras de los Grandes Nombres de Allâh. Mientras que la posición de ‘Alî entre los primeros sufíes estaba así asegurada, a veces era considerado como un eco de la rivalidad sunni-shiíe, como menos excelencia que Abû Bakr, o como tener que compartir la posición de mayor excelencia con los tres primeros califas.

La posición de Mawlana ‘Alî en el mundo sufí fue reforzada por una serie de acontecimientos. Hubo en primer lugar, la reorganización de la futûwwa (caballería espiritual) dominada por los sufíes durante el reinado del Califa Nâsir (575-622 de la hégira lunar / 1180-1225 de nuestra era), con su énfasis siguiente sobre ‘Alî como el sayyid al-fityân, el epítome del valor, de la generosidad y del desinterés. Este punto de vista estaba asociado con el dicho lâ fatâ i’llâ ‘Alî, que supuestamente había sido pronunciado por una voz divina durante la batalla de Uhud. En segundo lugar, ‘Alî a menudo ocupaba una posición central en las órdenes sufíes, los cuales fueron establecidos a partir del siglo V de la hégira lunar (siglo XI de nuestra era). Por ejemplo, los Naqshbandîyya (quienes no se consideran shiíes) creen que el Profeta transmitió el método vocal del dhikr a ‘Alî, mientras que el dhikr silencioso fue transmitido a Abû Bakr. Otros, claramente shiíes, consideraban a ‘Alî como su patrón y trazan su descendencia al Imam a través de diferentes silsila (cadenas de transmisión). Uno de los más conocidos de estas órdenes es la Orden turca Bektâshîyya, cuya doctrina secreta es imbuida de ideas ghulât. Los Bektâshîs creen por ejemplo, que la muerte de ‘Alî debe ser interpretada en un sentido simbólico más que físico. Ellos sostienen que ‘Alî está unido con Allâh y Muhammad en una trinidad; a veces la superioridad de ‘Alî hacia Muhammad está claramente implícita, como en la creencia de que el Profeta fue sanado en Uhud cuando oró por la ayuda de ‘Alî, o que Muhammad alcanzó el estado de al-fanâ’ fi’llâh (aniquilación en Allâh) porque rindió homenaje a ‘Alî. Los Bektâshîs también afirman que ‘Alî como un niño tenía la apariencia de un león (como su nombre implica “Haydar”), y que derrotó a la criatura gigante Dîv, liberándolo sólo después de haberse convertido en un musulmán y de prometer no volver a comer a los hombres. La influencia Hurûfî sobre la Bektâshîyya se puede ver en las sentencias caligráficas conectadas con ‘Alî trabajado en la forma de un león; las imágenes del Imam se dibujan a menudo por la combinación de letras de su nombre.

Otras órdenes shiíes prosperan en el Irán moderno. Los miembros de estas órdenes se dirigen entre sí con yâ ‘Alî; algunos de ellos sostienen que ‘Alî es mayor que el Profeta (puesto que el Profeta fue enviado para preparar a los hombres para ‘Alî), y que Muhammad mismo expresó el deseo de que ‘Alî sea venerado por encima de él. Es por eso que ‘Alî, y no el Profeta, nació en medio de la Ka’bah. Algunos de estos sufíes creen que cada pîr (maestro) recibió su conocimiento directamente de ‘Alî. Para muchos otros, la investidura con el muraqqa’a (manto) como un símbolo de la transmisión de los poderes espirituales está estrechamente asociada con ‘Alī: Según una tradición a menudo citada, las dos cosas más preciosas mostradas a Muhammad durante el mi’rây fueron la pobreza espiritual y un manto. Tras su retorno a la tierra le fue ordenado por Allâh que colocara el manto sobre ‘Alî, de quien pasó a los otros Imames.

Además de tales órdenes sufíes, estas florecieron particularmente en Mongolia y la Persia Safávida, los eruditos individuales fueron quienes unieron en su pensamiento la teología especulativa shiíe y el misticismo sufí. Uno de los primeros representantes de esta tendencia es ‘Alî ibn Mîtham Bahrânî, quien vio en ‘Alî al shayj original y al walî de los sufíes, y quien (en su Sharh nahyul-balâgha) se imbuyo de las declaraciones y discursos de ‘Alî con una coloración sufí. Otros escritores incluyen a Haydar Amulî, quien no oculta su deuda con Ibn al-‘Arabî para muchas de sus ideas; Rayab Bursî; Ibn Abî Yumhûr Ahsâ’î; y Mollâ Sadrâ Shîrâzî. Algunas de las opiniones de estos escritores han sido objetos de investigaciones recientes, pero hay mucho sobre su pensamiento que requiera más estudio. A pesar de todas sus diferencias individuales, es probablemente correcto decir que todos ellos están de acuerdo en ver al imamato islámico como el aspecto oculto y secreto de la profecía. Mawlana ‘Alî, quien combina en su persona el rol del Imam y del walî, encarna así el aspecto esotérico de Muhammad. El imamato islámico incorpora el bâtin de todas las religiones previamente reveladas; por lo tanto, ‘Alî encarna el principio de la religión esotérica como un todo. Como tal, el Imam existía antes que toda la humanidad; fue enviado secretamente con cada profeta, y abiertamente con Muhammad (esta es la idea subyacente a las declaraciones atribuidas a ‘Alî como “Yo llevé a Noé en la arca, yo soy el compañero de Jonás en el vientre del pez…Yo soy Jidr, quien enseñó a Moisés, yo soy el maestro de David y Salomón, yo soy Dhu’l-qarnayn”). ‘Alî es el sello de la walâya mutlaqa (walâya absoluta), mientras que el Qâ’im es el sello de lo restringido o de la walâya muqayyada  (walâya particular). Muhammad y ‘Alî fueron creados de la misma sustancia de nûr (luz) y permanecieron unidos en el mundo de los espíritus; sólo en este mundo se separaron en entidades individuales para que la humanidad pudiera concebir la diferencia entre un profeta y un walî. Mawlana ‘Alî representa el Nombre más Grande de Allâh. ‘Alî y Muhammad son los reflejos de los atributos Divinos; ya que Allâh sólo puede ser conocido por medio de sus atributos (su esencia permanece oculta a la humanidad), y es a través de ambos que Allâh puede ser conocido. “Yo soy el punto por debajo de la bâ’.”, es una declaración favorita atribuida a ‘Alî, refiriéndose a la creencia de que todos los secretos están contenidos en el punto de la primera letra de la basmala. Este es el punto a través del cual la alif vertical del Ser puro de Allâh asume la forma horizontal de la bâ’, representando la primera etapa de la multiplicidad.

Referencias Bibliográficas

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  • En el pensamiento popular, prácticamente todas las colecciones shiíes imamíes de tradiciones contienen algún material de naturaleza popular sobre Mawlana ‘Alî. Muchas de estas tradiciones están convenientemente reunidas en el Bihâr al-anwâr de Maylisī, Tabriz 1886-1888, espacio IX (los capítulos que tratan la biografía de ‘Alî): de las numerosas obras que dedican secciones especiales hacia los milagros del Imam  ‘Alî, pueden mencionarse la siguiente obra: Hibatallâh ibn Husayn Râwendī, Kitâb al-jarâ’iy wa’l-yarâ’ih, Bombay, 1883-1884, págs. 16-21.
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